C104- SOLO HUI.
Lucy estaba de pie frente a Eros, su cuñado, y sentía cómo el aire se volvía más pesado con cada segundo que pasaba. Los ojos grises y acerados de él la atravesaban como cuchillas, estudiándola con detenimiento, desde su cabello hasta sus manos temblorosas aferradas a la taza de té. Ella intentó no moverse, pero su respiración se aceleraba. Se sentía desnuda bajo su mirada.
Tragó saliva y apretó con más fuerza la taza entre sus dedos.
«Vamos, Lucy, habla. Es ahora o nunca. No puedes seguir huyendo.»
Finalmente, reunió el valor y habló.
—Quiero que me protejas.
Eros alzó una ceja, su expresión era de incredulidad y ligera burla. Lucy en cambio, sentia que el corazón le latía con fuerza, pero continuó:
—De tu hermano.
Fue allí cuando el interés de Eros se encendió como una chispa en sus ojos. Frunció el ceño, entrecerrando la mirada, y se levantó con calma, aunque sus movimientos parecían cargados de una energía contenida. Comenzó a caminar lentamente alrededor de Lucy, como un depredador acechando a su presa. Ella trató de mantenerse firme, pero sus nervios la traicionaban.
De repente, se detuvo detrás de ella. Lucy contuvo la respiración al sentirlo inclinarse hasta que su aliento cálido rozó su oído.
—¿Por qué querrías eso? —preguntó, su tono bajo y amenazante, como si estuviera jugando con ella.
Lucy tembló.
Su cercanía era abrumadora, su perfume masculino la envolvía, y su cuerpo reaccionaba de formas que no podía controlar. Eros aspiró su aroma, y un destello oscuro cruzó por sus ojos. Su corazón golpeaba con fuerza dentro de su pecho, pero no dejó que eso lo distrajera.
—¿Por qué debería protegerte de tu marido?
Lucy intentó responder, pero las palabras se atoraban en su garganta. Sus manos temblaban mientras aferraba la taza con fuerza, buscando algo que la anclara a la realidad.
—Porque... porque... —balbuceó, cerrando los ojos con fuerza. Los recuerdos la golpearon como una ola helada, y su voz se quebró cuando finalmente habló—¡Porque él... abusó de mí varias veces!
El cuerpo de Eros se tensó al escuchar esas palabras.
—¿Qué? —su voz era un gruñido bajo, lleno de incredulidad y rabia contenida.
Los labios de Lucy temblaban mientras trataba de explicarse.

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