—Profe, ¿me daría unos días para pensarlo?
La Profe Luciana se sorprendió por sus dudas, pero asintió con amabilidad.
Antes de que Yadira saliera de la oficina, la profesora no pudo evitar darle un último consejo.
—Yadira, las oportunidades que pueden cambiar tu destino son contadas con los dedos de una mano. ¡Por favor, no permitas que factores externos entierren tu verdadero talento!
En ese momento, las palabras de la profesora hicieron eco en su interior. Agradeció cortésmente y salió.
Sin embargo, al llegar a casa, se tumbó en la cama dando vueltas de un lado a otro. Por más que lo intentara, su mente solo giraba en torno a Nelson.
Lograr el éxito profesional era una gran meta, pero si por culpa de ello perdía la oportunidad de asegurar su lugar en la alta sociedad, el sacrificio no valdría la pena.
¿Por qué no esperar a casarse con Nelson y luego irse a estudiar al extranjero? ¡Seguramente aún estaría a tiempo!
Con el inmenso poder económico de la familia Zavala, ¡incluso podrían financiarle su propio teatro!
Con esa fantasía en mente, Yadira apretó los dientes y tomó su decisión: su matrimonio era la prioridad número uno.
Al día siguiente, buscó a la Profe Luciana y rechazó de forma definitiva aquella beca, una oportunidad que solo se presentaba una vez en la vida.
Lo que ella ignoraba era que el hombre por el que creía estar haciendo ese monumental sacrificio, el mismo que, según ella, estaba luchando a muerte por su relación, ya la había borrado por completo de su memoria.
Jamás imaginó que aquel «voy a hablar con mi mamá» había sido solo una excusa barata para quitársela de encima.
Porque, cuando Yadira volvió a ver a Nelson, ¡ese hombre ya tenía a otra mujer a su lado!
Habían pasado tres largos años. De manera sorpresiva, Nelson contactó a sus excompañeros de clase para organizar una cena de reencuentro. Por supuesto, Yadira asistió, con el corazón latiendo a mil por hora, rebosante de ilusiones.
Sin embargo, cuando la puerta del salón privado se abrió, su mundo se detuvo.
Nelson entró de la mano de otra mujer, con una enorme sonrisa en el rostro. Apenas cruzó el umbral, levantó la mano libre para pedir silencio.
—Hola a todos, si los reuní hoy, es porque quiero presentarles formalmente a alguien. ¡Esta es mi novia!
Aquel día, Ivana llevaba un conjunto deportivo color azul celeste, el cabello recogido en una coleta sencilla, y lucía un rostro naturalmente hermoso.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Llegas tarde: el divorcio ya está firmado