Tres años después, luego de que Ivana fuera dada de alta tras recibir aquella misteriosa puñalada, Nelson le propuso matrimonio.
La fecha de la boda se fijó con rapidez.
Él le preguntó si tenía alguna exigencia especial para la ceremonia.
Ivana solo le pidió una cosa.
¡Y Nelson le juró que cumpliría su promesa al pie de la letra!
Antes de la boda, los amigos de Nelson le organizaron una despedida de soltero en el tercer piso del Hotel Dorado.
En el bar, bajo el sonido de una música relajante, todos brindaban y charlaban.
Como la mayoría eran excompañeros de la universidad, aprovecharon la ocasión para ponerse al día.
El único que parecía ausente era el propio Nelson, el protagonista de la noche.
Antes de ir, le había preguntado discretamente a un amigo si Yadira también asistiría.
El amigo le sonrió con cierta picardía:
—Claro que sí, ¿por qué no habría de venir? Al final de cuentas todos somos viejos amigos, nuestro círculo no es tan grande. Si queríamos que hubiera ambiente, ¡obvio que teníamos que invitarla!
Nelson se sintió incómodo, pero luego se resignó.
Si iba, que fuera. Era la oportunidad perfecta para dejar las cosas claras de una vez por todas.
A medida que avanzaba la noche y el alcohol hacía efecto, todos empezaron a desinhibirse.
Yadira se había mantenido sentada en un rincón. Tenía las mejillas encendidas y era evidente que había bebido de más.
—¡Oye, Nelson! —gritó un compañero con el rostro enrojecido, tambaleándose mientras señalaba a Yadira con su copa—. Mira cómo está Yadira. Aunque sea tu exnovia, ¿no crees que deberías llevarla a su casa esta noche?
El bar se quedó en silencio por un segundo y todas las miradas se clavaron en Nelson.
—¡Sí, Nelson! Aunque hayan terminado, ¡no seas tan desalmado!
—¡Llévala! ¡Tienes que ir a dejarla!
—¡Es tu última oportunidad! Pronto serás un hombre casado, ¡y nuestra pobre Yadira se quedará sola!


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