Entrar Via

Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 617

—¿Estás sorda? ¿No me escuchaste? ¡Lárgate ya!

No quería que nadie lo viera, ni que nadie se entrometiera.

Solo quería ir a hacerle compañía a su hermano, en completa paz.

Pero la aparición de esa maldita chica había arruinado sus planes. ¡Qué fastidio!

—Tú... ¡no hagas una locura!

La chica retrocedió un paso, claramente asustada por su expresión desquiciada.

Sin embargo, no salió corriendo. En cambio, se abrazó con fuerza a su termo de comida, con un destello de preocupación en la mirada.

—¿No podemos hablarlo? ¿Por qué quieres saltar del edificio?

Los ojos de Nelson, enrojecidos y llenos de odio, se clavaron en ella.

—¿Y de dónde sacas que quiero saltar? ¡Ya vete de una vez! —le gritó a todo pulmón.

Estaba harto. ¡Ni siquiera para morir lo dejaban en paz!

Sin embargo, cuando la chica miró su rostro con más detenimiento, sus pupilas se contrajeron levemente.

—¡Ah, eres tú!

Parecía haberlo reconocido.

—Si no vas a saltar, ¿entonces qué estás haciendo parado ahí?

Aunque su voz temblaba ligeramente, la chica no retrocedió ni un centímetro más.

—¿No te cansas de fastidiar? ¡A ti qué demonios te importa!

Fúrico, Nelson levantó una de sus muletas, amenazándola en el aire. Si no fuera por su pierna rota, la habría sacado a empujones él mismo.

Ser descubierto en su momento más vulnerable por una completa extraña lo llenaba de una profunda vergüenza y rabia.

—¡Te dije que te largues! ¡O te juro que encontraré a alguien que te rompa la cara!

Parecía un erizo a la defensiva, lanzándole espinas venenosas para alejarla.

La chica palideció aún más tras sus insultos y se le llenaron los ojos de lágrimas al instante.

Era obvio que estaba muerta de miedo, pero aun así, se negaba a irse y dio un pasito tímido hacia él.

—Creo que... deberías intentar calmarte primero.

—¡Tú no sabes ni una mierda! —la interrumpió Nelson con brutalidad, dejando que todo el veneno acumulado en su corazón saliera a borbotones—. ¡Si das un paso más, te lanzo yo mismo por la azotea!

—Por favor, no te pongas así, ¡solo quiero ayudarte! —suplicó ella.

Parecía que nunca en su vida había visto a un Nelson así.

Ese chico que en la escuela siempre se pavoneaba con aire arrogante y rebelde, en ese momento, lucía tan frágil que partía el corazón.

Tras dudar un segundo, se acercó a él con cautela.

—Si tienes una pena muy grande, llorar te hará sentir mejor —murmuró con suavidad.

Nelson sintió que ella se ponía en cuclillas a su lado. Su cuerpo se tensó y su primer instinto fue empujarla lejos de él.

Pero ya no le quedaban fuerzas ni para eso.

Escondió el rostro entre las rodillas y dejó que las lágrimas empaparan las mangas de su bata.

Después de un rato, el llanto comenzó a disminuir.

Nelson levantó la cabeza, tomó una bocanada de aire y se frotó la cara con las manos de manera tosca, tratando de recuperar un poco de su dignidad.

Por supuesto, la chica seguía ahí a su lado.

—¡¿Qué tanto me ves?! ¡¿Nunca has visto a alguien llorar?! —le espetó, aunque su tono ya no tenía esa rabia venenosa de antes.

La chica lo miró con una paciencia infinita. No había ni rastro de burla en sus ojos y, sabiamente, decidió no volver a mencionar el tema del suicidio.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Llegas tarde: el divorcio ya está firmado