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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 575

Ese hombre que había destruido todo lo que ella tenía...

¡Ese viejo asqueroso ahora estaba bajo los reflectores, recibiendo la admiración y las felicitaciones del público!

Yadira sintió que el cuerpo se le iba hacia atrás y se tambaleó.

Recordó el peso de ese hombre sobre ella, y cómo esas manos ásperas, como serpientes heladas, se deslizaron por debajo de su ropa.

—¡Puaj!

Yadira se encorvó de golpe y sacudió la cabeza con fuerza, como si intentara arrancarse de la mente el recuerdo más sucio, asqueroso y doloroso de su vida.

¿Qué diablos estaba pasando? ¿Por qué ese infeliz había regresado al país?

Murmuraba para sí misma mientras las lágrimas empezaban a brotar de sus ojos sin control.

¡El diablo había vuelto! ¡Y ahora era más influyente y arrogante que antes!

Aguantándose las ganas de vomitar, se agachó, recogió su teléfono celular y lo apretó con fuerza en su mano, sin atreverse a mirar la pantalla otra vez.

Cuando el elevador volvió a abrirse, entró corriendo, tropezando torpemente. Ni siquiera se acordó de recoger la canasta de frutas.

Al salir del hospital, el clima afuera seguía siendo espléndido.

Pero, aunque el sol le diera directo en la piel, Yadira sentía un frío sepulcral hasta los huesos.

***

Mientras tanto, en otro pasillo del hospital, dos hombres maduros acababan de bajar de un auto para entrar.

Gregorio Milla, que había llevado gafas de sol y una gorra desde el aeropuerto en un intento de pasar desapercibido, no podía ocultar esa arrogancia que dan los años codeándose en el mundo de la fama y la fortuna.

Había retrasado incluso su fiesta de celebración para apresurarse a ir al hospital.

—¡Ay, mi gran director Gregorio! ¡Quién diría que, con lo ocupado que está, su salud ha estado dándole problemas!

Quien caminaba a su lado era el Productor Vicente, un reconocido y muy respetado productor en la industria audiovisual.

A pesar de ser un hombre altanero, frente a Gregorio se mostraba excepcionalmente servicial.

A Gregorio le encantaban esos halagos. Levantó un poco la comisura de los labios y agitó la mano, fingiendo modestia.

—Ya, Vicente, no me infles más el ego, ¡que me lo voy a creer!

—Pero en algo tienes razón: mientras tenga fuerzas para sostener una cámara, seguiré grabando.

El Productor Vicente, muy conmovido, aprovechó para preguntar:

—Pero dígame, director, ¿qué es exactamente lo que tiene? ¿Se puede saber? ¡Porque a simple vista se le ve muy bien!

Gregorio midió bien sus palabras; no lo vio como un secreto y respondió:

—Es un problema viejo... poliquistosis renal.

El Productor Vicente frunció el ceño. Claramente no estaba familiarizado con el término médico.

Gregorio se lo explicó de manera sencilla:

—Básicamente, los riñones se llenan de quistes. Estos quistes oprimen el tejido sano y hacen que el riñón vaya perdiendo sus funciones poco a poco.

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