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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 573

La voz de Nelson se volvió aún más helada.

—La actitud de Damián Luján al confesar no era de terror, ¡era de impaciencia! Un hombre que atropella a una persona estando ebrio y se da a la fuga, por mucho que quiera reducir su condena, ¡no debería tener esa expresión en el rostro!

El abogado Lautaro asintió, pensativo.

—Es cierto. Por lo general, alguien que se entrega por voluntad propia siente algo de culpa e inquietud.

—Pero si está asumiendo la culpa de otro, la mentalidad cambia por completo. No busca redención, sino que está haciendo un trato comercial. Seguramente el dinero no le será transferido hasta que se dicte la sentencia; ¡por eso tiene tanta prisa!

Nelson endureció aún más su tono.

—Primero, haz todo lo posible por investigar. Si por ahora no logramos encontrar pruebas de que está encubriendo a alguien, entonces busca la manera de, dentro de los límites de la ley, que reciba la condena más severa posible.

—Conducir ebrio, darse a la fuga, causar lesiones graves... ¿Y encima espera que le reduzcan la condena? ¡Que siga soñando! Alarga el proceso todo lo que puedas, ¡hay que meterle más presión!

El abogado Lautaro notó de inmediato que su cliente no iba a dejar pasar esto tan fácilmente; al fin y al cabo, la persona herida era su esposa.

—¡No se preocupe, Sr. Zavala! Mantendré bajo estricta vigilancia las cuentas bancarias de Damián Luján. Si entra algún pago importante, ¡rastrearé su origen de inmediato!

Con eso, Nelson se puso de pie.

—Alguien que acepta ser el chivo expiatorio lo hace solo por dinero. Primero hay que darle un buen susto y luego tentarlo con más plata.

—Por lo tanto, cuando sea el momento adecuado, déjale caer sutilmente que, si delata al verdadero responsable que movió los hilos en la sombra, ¡yo le pagaré el doble!

El abogado Lautaro asintió y tomó nota.

Damián Luján no era más que un peón; el verdadero criminal seguía escondido.

Nelson estaba decidido a desenmascarar a esa persona. ¡No iba a permitir que Ivana sufriera en vano!

***

Por otro lado, en el centro de detención, Damián regresó a su celda. La puerta de metal se cerró con un ruido ensordecedor.

Se dejó caer pesadamente sobre la cama de tablas duras. Su cabeza era un caos.

Después de que Nelson se fue, ese tal abogado Lautaro volvió a hablar con él.

Le dejó en claro que el asunto estaba lejos de terminar, que la familia de la víctima estaba furiosa y llegarían hasta las últimas consecuencias. ¡Incluso lanzó una amenaza!

Además, Mía le había prohibido terminantemente que la contactara de forma directa; si lo hacía, no habría pago.

No podía llamarla, y tampoco se atrevía.

Pero, ¡siete años!

Esa cifra era como una guillotina suspendida sobre su cabeza, a punto de caer. ¡No estaba dispuesto a resignarse así como así!

Damián tomó una decisión: si no podía hablar con ella directamente, usaría un intermediario.

Después de todo, antes de entregarse, ya lo había planeado con su hermano.

Al día siguiente por la mañana, justo tocaba el día de visitas, y su hermano, Andrés Luján, apareció.

A través del cristal y por el teléfono, Damián le habló a su hermano usando la jerga de su barrio para despistar:

—Andrés, me acabo de dar cuenta de algo. ¡El pago que dio esa "jefa" no cuadra!

—¡El "tiempo a la sombra" es mucho peor de lo que hablamos, este negocio es una estafa! ¡Tienes que ir a buscarla ya mismo!

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