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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 568

Si Ivana volviera a casa en este momento, se encontraría con un hombre completamente desconocido y un niño pequeño que la llamaría «hermana». ¿Cómo asimilaría algo así?

La casa de su madre ya era demasiado pequeña; ¡no había lugar para ella!

El rostro de Mariana reflejó un agobio total. Nelson tenía razón. ¿Qué iba a hacer?

¿Cómo se lo explicaría a su propia hija?

A Nelson también le dolía la situación, pero trató de calmarla:

—Mamá, dada su condición actual, lo mejor es evitarle sobresaltos. Menos problemas es mejor.

—Aunque ya está en una habitación normal, los médicos dicen que aún no puede recibir el alta. Esperemos a que recupere fuerzas y poco a poco le iremos contando la verdad.

Mariana guardó silencio por un largo rato.

Miró a su hija a través del cristal. Se la veía tan relajada, con esa curiosidad ingenua iluminándole el rostro. Simplemente no tuvo corazón para romper esa paz.

—Está bien. Haremos lo que dices. Le ocultaremos la verdad por ahora, y tú seguirás siendo solo su doctor, pero...

Mariana clavó sus ojos en Nelson, lanzándole una severa advertencia:

—Pisa con cuidado, muchacho. ¡No te atrevas a lastimarla otra vez!

Nelson esbozó una sonrisa cargada de amargura.

—Lo sé.

¿Cuándo había querido él lastimarla?

Pero como decía el dicho: aunque uno no empuñe el arma, a veces es la propia mano la que guía el desastre.

Al escuchar su promesa, Mariana no añadió más y regresó a la habitación.

Dejó a Nelson solo, plantado en el pasillo desierto.

***

Dentro de la habitación, el sol bañaba el espacio con una luz cálida.

Ivana, recostada en la cama, revisaba el bolso que su madre le había entregado. Abrió los ojos como platos.

—Mamá, ¿me estás diciendo que ya me gradué de la universidad?

Tenía una expresión de absoluta incredulidad.

—¡Pero si ya se me olvidó todo lo que estudié! Ya valió, ¿entonces fueron años tirados a la basura?

Tras pensarlo un poco, dio media vuelta y se marchó directo a su casa.

No regresó hasta bien entrada la tarde, y traía consigo una transportadora para mascotas.

Mariana ya se había ido, así que Ivana estaba sola en la habitación, entretenida viendo una serie en el celular.

Nelson agarró el asa de la transportadora con fuerza y tocó la puerta.

—Adelante.

La voz alegre de Ivana sonó desde adentro.

Nelson empujó la puerta y entró cargando la caja.

—¿Doctor Zavala? —Ivana se sorprendió al verlo—. ¿Qué hace aquí? ¿Pasa algo malo?

—Ehhh... —A Nelson le entraron los nervios, y sin pensarlo mucho, dejó la transportadora en el suelo.

La perrita en su interior debió reconocer el aroma de Ivana, porque empezó a mover la cola de inmediato, soltando unos lloriqueos agudos y rascando la puerta de plástico con las patas.

Como era de esperarse, toda la atención de Ivana se centró en el animalito.

—¡Ay, qué hermosa perrita!

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