—¿Qué dijiste?
Esas simples palabras dejaron a Nelson congelado en su lugar.
—Ivana, no bromees conmigo —dijo, incapaz de creerlo, y acercó la silla un poco más—. ¿Acaso te enojaste por lo que acabo de decir? ¿Me estás diciendo esto a propósito porque no quieres hablarme?
Pero ella se limitó a negar con la cabeza, genuinamente confundida.
—Creo que nunca te había visto en mi vida.
Hablaba con tanta naturalidad, como quien enuncia un simple hecho.
—Me duele mucho la cabeza... pero, ¿por qué estoy aquí?
Miró a su alrededor. Observó la habitación de hospital y las máquinas junto a la cama, y la confusión en sus ojos se hizo aún más evidente.
Tratando de mantener la calma, Nelson preguntó:
—¿Recuerdas cómo te llamas?
Esta vez su tono cambió a uno de obviedad.
—¡Claro, me llamo Ivana!
Al ver la mirada tan lúcida pero al mismo tiempo tan desconocida que le dirigía, un mal presentimiento se apoderó del pecho de Nelson.
¿Lo había olvidado por completo?
Sintió que su mundo entero se venía abajo.
Era cierto que abusar de cualquier medicamento conllevaba efectos secundarios, y los analgésicos de SaludLab afectaban directamente el sistema nervioso.
El antídoto que el maestro Gonzalo había diseñado también actuaba sobre el sistema neurológico.
Pero nunca, jamás se imaginó que uno de esos efectos secundarios sería... ¿amnesia?
—Ehhh, disculpa, ¿me prestas tu teléfono? ¡Quiero llamar a mi mamá!
Lo pidió con extrema cortesía.
Nelson se quedó paralizado unos segundos antes de entregarle el aparato de forma casi mecánica.
Poco tiempo después, Mariana llegó corriendo al hospital y empujó la puerta de la habitación de un golpe.
—¿Cómo está Ivana?
—¡Mira, Ivana, yo también estoy aquí! Ya ves que soy...
Sus palabras se cortaron de golpe.
Porque la reacción de Ivana al verlo fue diametralmente opuesta a la que tuvo con su madre. En lugar de cariño, retrocedió instintivamente en la cama.
Lo miró con una mezcla de alerta y desconfianza, frunciendo el ceño, haciendo un esfuerzo enorme por buscar en su memoria cualquier rastro de ese hombre.
—Mamá, ¿quién es él? Desde que desperté no deja de hacerme preguntas raras. ¿Lo conozco?
Ivana se aferró a la mano de su madre. Era evidente que el entorno desconocido la ponía muy nerviosa.
Nelson simplemente no podía procesar lo que estaba ocurriendo. Sentía que el destino le estaba jugando una broma macabra.
¿Cómo era esto posible?
Buscó a Gonzalo, que llevaba rato observando la situación con el ceño fruncido, y lo jaló por el brazo.
—Profe, ¿qué demonios está pasando?
—¿Cómo es posible que se acuerde de su mamá, que sepa quién es ella, pero que a mí me haya olvidado por completo? ¿Hubo algún problema con el medicamento de ayer?

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