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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 549

La joven enfermera le echó un vistazo a esa mujer elegante y educada, sin sospechar nada.

—¿Usted es amiga de la señora Zavala? ¡No se preocupe! ¡Su estado es mucho mejor que el de hace unos días!

La sonrisa de Yadira se congeló por una fracción de segundo, pero inmediatamente puso una expresión de inmensa alegría.

—¿De verdad? ¡Qué maravilla! ¿Pero cuánto tiempo más tardará en despertar? ¡Tenía planeado que nos fuéramos de vacaciones juntas para las próximas fiestas!

La enfermera sonrió y la tranquilizó:

—Tranquila, el nuevo tratamiento del doctor Gonzalo ya empezó a hacer efecto. La frecuencia de los episodios de la señora Zavala ha disminuido notablemente.

»Además, en el laboratorio ya están desarrollando un reparador neurológico específico para su caso. Es la especialidad del doctor Gonzalo, así que será un éxito rotundo.

»El único inconveniente es que su amiga va a tener que aguantar un poco más de dolor en el proceso, pero en cuanto el fármaco esté listo, ¡estoy segura de que pronto la trasladarán a una habitación normal!

La enfermera miró hacia el interior de la habitación y no pudo evitar añadir:

—Tampoco tiene de qué preocuparse estos días. Con el Sr. Zavala ahí adentro, que no se ha separado de ella ni un segundo y la cuida mejor que nosotras mismas, está en buenas manos.

Dicho esto, se despidió y se marchó con la tabla de registros.

Yadira se quedó parada en el lugar hasta que la enfermera desapareció por completo de su vista.

Su sonrisa se esfumó en un abrir y cerrar de ojos, como si hubiera sido solo una ilusión óptica.

—Así que... ¿tiene salvación?

Yadira murmuró por lo bajo, con la voz cargada de un odio profundo y retorcido.

Se giró y, a través del cristal, observó a la figura inerte tendida sobre la cama.

Si no fuera por el respirador artificial, con esa palidez cadavérica parecería que ya estaba muerta.

Nelson seguía sentado a su lado, mirándola con una devoción y ternura inquebrantables.

Aquella imagen era como ácido en los ojos de Yadira.

Apretó con furia la correa de su bolso y se dio media vuelta para marcharse.

¡No!

Estaba a un solo paso de lograrlo. ¡No podía permitir que esa perra se recuperara!

Pero dio un traspié y cayó de lleno en los brazos de Adán.

Él la sostuvo por inercia, pero frunció el ceño al sentir el intenso olor a alcohol.

—¿Por qué tomaste tanto estando sola?

No tuvo más remedio que recostarla de nuevo en el sofá. Su tono revelaba un poco de impotencia y preocupación.

—Tu salud es delicada, no deberías beber de esta manera.

Cuando él intentó levantarse, Yadira le agarró la manga de la camisa con fuerza. Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas sin control.

—¡Pero me duele el alma! Adán, ¿sabes qué hizo? ¡Nelson... Nelson fue muy cruel conmigo! ¿Cómo pudo tratarme así?

Adán le alcanzó un pañuelo de papel y le preguntó, un tanto dudoso:

—¿Qué te hizo Nelson esta vez?

El efecto del alcohol en la sangre de Yadira intensificó todos los supuestos agravios que sentía.

—Para intentar ocultar el escándalo de Ivana en internet, ¡me obligó a borrar todas mis redes sociales! ¡Qué culpa tengo yo de todo esto!

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