Entrar Via

Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 546

—Nelson, de verdad te amo, te lo ruego, ¿puedes ayudarme? ¡Prometo que no te dejaré nunca más, haré todo lo que me pidas!

»¡Ya no lo soporto, es peor que estar muerta! ¡Ya he sufrido demasiado por tu culpa, ¿acaso tienes el corazón de verme así?!

Al ver su rostro desfigurado por la tortura y escuchar sus súplicas, Nelson sintió cómo se le desgarraba el alma.

—Ivana, no llevabas mucho tiempo tomándolo. Tienes que vencerlo con tu propia voluntad, ¡tú puedes hacerlo!

Pero Ivana ya no escuchaba razones. El sufrimiento extremo la había despojado de toda lógica y de toda dignidad.

—¡Nelson, eres un imbécil! ¿No decías que ibas a protegerme? ¿No prometiste que nunca me dejarías sufrir? ¡Todo era mentira!

»¡Solo te estoy pidiendo un maldito analgésico y no me lo das! ¡Eres un desalmado! ¡Vete a la mierda! ¡Muérete de una buena vez!

»¡No quiero volver a verte nunca más en mi vida! ¡Ojalá te mueras!

No dejaba de maldecirlo, atacándolo con las palabras más crueles y venenosas.

Nelson no dijo ni una palabra.

Estaba atado de manos. Solo le quedaba dejar que se desahogara.

—Perdóname, yo te arrastré a esto, ¡pero no te rindas!

Quién sabe cuánto tiempo pasó hasta que los alaridos ensordecedores de Ivana finalmente cesaron. Quedó acurrucada, con las sábanas empapadas en sudor frío.

Nelson, en completo silencio, le cambió la ropa, limpió la suciedad de su cuerpo con agua tibia y le aplicó medicamento en las partes del cuero cabelludo que se había lastimado.

Sobre la mesa descansaba el folleto del fármaco que le había quitado a Draco, junto al contrato de aprobación para sacarlo al mercado.

Nelson clavó la mirada en los papeles, perdiéndose en sus pensamientos.

Solo tenía que firmar...

Si firmaba, Ivana podría recibir de inmediato otro tratamiento sin efectos secundarios. Esa tortura infernal terminaría en un segundo.

Mauro le echó una mirada, y sin dejar claro si había visto algo o no, caminó a paso lento hasta sentarse al borde de la cama.

—Santiago me lo contó todo. Lo del tal Draco y las maniobras sucias de su empresa.

»Fui a ver al doctor Gonzalo para preguntarle sobre el estado de Ivana, pero como estaba tan ocupado, preferí no interrumpirlo.

Nelson se mantuvo en silencio.

Santiago era la mano derecha de su padre. Al haber desatado un escándalo de tal magnitud, era imposible que él no se enterara.

—Sé que te duele ver a Ivana así, pero, ¡por lo que más quieras, no vayas a cometer un error en un momento de debilidad!

»Ese Draco es un lunático, ¿cómo puedes creerle una sola palabra? Si cedes a su chantaje y permites que esa droga entre a nuestro país, ¡cometerás un crimen imperdonable!

»Nuestra familia Zavala ha estado en la industria farmacéutica desde la época de tu bisabuelo. ¡No podemos olvidar nuestras obligaciones éticas!

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Llegas tarde: el divorcio ya está firmado