—El ciclo de metabolización de este fármaco es muy largo, y el daño a los nervios es considerable. Pero, afortunadamente, el tiempo que Ivana lo ha estado tomando es corto.
»Su estado físico actual no es muy alentador. Solo puedo usar el método más suave e intentar ayudarla a expulsar las toxinas poco a poco.
»Aún no sé cuánto tiempo tomará, pero en el proceso, va a sufrir mucho. Sus ataques de agresividad e irritabilidad serán constantes. ¡Tienes que vigilarla bien, no dejes que ocurra otro accidente!
Nelson asintió rápidamente, prometiéndolo:
—No se preocupe, profe Gonzalo. ¡No me apartaré de su lado!
Gonzalo asintió sin decir más, e inmediatamente comenzó a reunir a un equipo médico especializado para monitorear los signos vitales de Ivana las veinticuatro horas del día.
Nelson intentó calmarse un poco antes de regresar a la habitación.
En ese momento, Lionel vino corriendo en su dirección, sosteniendo una impresión de una captura de cámara de seguridad en la mano.
—¡Sr. Zavala, lo encontramos! ¡Mire lo que vi en las grabaciones!
Nelson echó un vistazo y aceleró el paso de inmediato.
Al llegar a la oficina, Lionel giró su computadora portátil hacia Nelson y deslizó los dedos sobre el panel táctil.
La pantalla se iluminó y comenzó a reproducirse un video de seguridad de baja resolución.
—El frasco de analgésicos de la señora se compró en esta farmacia. ¡Pero el local es una fachada! Hasta los estantes eran alquilados. El inquilino se mudó a medianoche de ese mismo día y no dejó ningún rastro.
Nelson no dijo nada, simplemente clavó la mirada en la pantalla.
—Por suerte, encontré esto en la cámara de la esquina de enfrente.
Lionel abrió otra carpeta.
La imagen se congeló en un auto estacionado en diagonal frente a la farmacia. Un hombre bajó de él.
Llevaba un abrigo largo, una gorra negra que le cubría gran parte del rostro y unas gafas de sol enormes.
El sujeto miró a su alrededor, entró a la farmacia y salió al poco tiempo.
¡Y había tenido el descaro de involucrar a Ivana!
***
Dos horas más tarde, en un edificio abandonado y en ruinas.
Dos guardaespaldas mantenían a Draco inmovilizado contra el suelo cubierto de escombros. Su cabello, siempre impecablemente peinado, ahora estaba revuelto y pegado a su rostro manchado de sangre y tierra.
Nelson estaba de pie frente a él, con las manos manchadas de sangre.
La paliza que acababa de darle no había sido suficiente para calmar su ira. Le asestó dos puñetazos más, tan fuertes que Draco estuvo a punto de desmayarse.
—¡¿Por qué la metiste a ella en esto?!
Nelson le pisó los dedos de la mano y los aplastó sin la menor pizca de piedad. Draco soltó un alarido desgarrador, como un cerdo en el matadero.
—¡Habla! ¿Cuál es el tratamiento para ese medicamento? ¡¿Tienes el antídoto?!

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