Sin embargo, los más jóvenes, en especial aquellos que habían ido a la misma escuela privada que Nelson y Yadira, seguían cuchicheando en su chat grupal.
[¿No creen que Nelson se pasó un poco de la raya esta vez? Por proteger a una mujer estuvo dispuesto a destruir a los Noyola... ¿Qué no Viviana es pariente suya?]
[¡Esa no cuenta como pariente! ¡Es muy lejana!]
[Y les aclaro una cosa: la supuesta mujer de la que hablan, ¡resulta ser su esposa!]
[Sí, pero nunca antes le había importado... ¿Qué le pasó para reaccionar así de repente?]
[Parece que Ivana tuvo un accidente y está muy grave en el hospital. ¿Un ataque de locura por amor?]
[Ah, y otra cosa... ¿Se acuerdan de Cristián Jurado? Él andaba hablando de Ivana, y dicen que Nelson le dio una paliza y hasta le hizo perder su trabajo.]
[Al final de cuentas, ella sigue siendo su esposa legal. ¡Seguro sintió que estaban manchando su orgullo!]
[Básicamente, está dejando claro que nadie puede abrir la boca para hablar mal de su esposa.]
[¿Y a eso le llaman hablar mal? ¡Si todo es la pura verdad!]
Ese último mensaje fue eliminado a los pocos segundos de enviarse.
[¡Mierda, acabo de recordar que yo también dije algo de Ivana! ¿Creen que venga a vengarse de mí también?]
[Eh... no lo creo. Yo también dije un par de cosas. Pero solo estábamos chismeando, no creo que nos persiga a todos uno por uno.]
[Solo se puede decir que Viviana tuvo pésima suerte y se le cruzó en el peor momento.]
[Bueno, la lección aquí es clara: ¡a cerrar la boca de ahora en adelante!]
[Y yo que creía que Nelson solo movería cielo y tierra por Yadira. Si las cosas están así, ¿no creen que ella deba estar furiosa? Al fin y al cabo, ¡todos los que entramos a esa boda vimos lo que pasó!]
[¡Acabamos de decir que está prohibido hablar de lo que pasó en esa boda y tú sigues! ¿Acaso quieres morir?]
[Yadira, ¿estás bien?]
Yadira también formaba parte de ese chat grupal, e incluso varios la mencionaron directamente.
Pero pasaron horas y la respuesta nunca llegó.
...
Gonzalo salió, sosteniendo un informe en sus manos y con una expresión de absoluta gravedad.
Miró a Nelson y, sin mediar palabra, puso un pequeño frasco sobre la mesa frente a él.
—De todas las medicinas que trajo Leandra, esta es la culpable. Después de un análisis minucioso, ¡no hay duda!
La voz de Gonzalo sonaba extrañamente fría y afilada.
—Ya tenemos los resultados. Se trata de un nuevo y potente analgésico. Sus componentes no cumplen con ninguna normativa de salud. Además, ataca directamente el sistema nervioso, provocando una adicción altísima.
—Consumirlo a largo plazo produce una hipersensibilidad extrema al dolor, alucinaciones y daños neurológicos irreversibles.
—En resumen, la tortura que está viviendo Ivana es obra de estas pastillas.
—Este frasco trae cincuenta pastillas y ella las ha estado tomando por medio mes. ¡Prácticamente se lo terminó todo, solo quedan dos! Es cierto que quita el dolor al instante, ¡pero los efectos secundarios son devastadores!
Nelson agarró el frasco. Al fijar la vista en el logotipo impreso, sus pupilas se dilataron. De pronto, le resultó inquietantemente familiar.
¿En dónde lo había visto antes?

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