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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 498

A lo largo de sus décadas como abogada, Mía Jiménez había acumulado una vasta experiencia.

Se le vino a la mente un caso de hacía unos años. Un joven de familia rica que recién cumplía la mayoría de edad participaba en carreras callejeras con su Ferrari y terminó atropellando mortalmente a un estudiante.

Fue ella quien tomó las riendas de la situación, encontrando como chivo expiatorio a un hombre urgido de dinero para el tratamiento médico de su padre.

Aquel chivo expiatorio recibió un pago sustancial para asegurar el bienestar de su familia y luego ingresó a prisión, mientras que el joven millonario continuó con su vida de excesos sin sufrir ningún tipo de consecuencia.

Muchas veces, ¡el dinero lograba milagros!

Con la cantidad adecuada, cualquier cosa estaba a la venta, ¡incluso la libertad!

¡Ring! Sonó una notificación de mensaje de texto.

Mía leyó el contenido, luciendo un tanto aliviada. Luego se levantó y se acercó a Yadira. Su tono era mucho más sereno. —Tranquila, mamá ya tiene la solución.

Yadira alzó la vista de inmediato; sus ojos brillaban de esperanza: —¿De verdad? Entonces, ¿qué debo hacer?

La mirada de Mía se volvió afilada como una navaja. —Hubo un caso que tomé hace tiempo. Se trata de un tipo de apellido Lu; es un ludópata endeudado hasta el cuello. Su esposa está a punto de dejarlo y están a nada de embargarle la casa. Anda como loco buscando de dónde sacar dinero.

—Ya pacté un precio con él para que asuma la culpa. Dirá que era él quien conducía y que iba borracho. El dinero que le ofrecí es más que suficiente para saldar sus deudas y asegurarle un buen futuro a su familia.

—El único inconveniente...

Mía se detuvo un momento, como dudando.

Yadira se apresuró a preguntar: —¿Qué sucede?

Mía negó con la cabeza. —No es nada. La situación es crítica y no hay mejores opciones por el momento.

Aunque necesitaba un chivo expiatorio, un adicto al juego no era exactamente alguien digno de confianza, lo cual le generaba cierta inquietud.

Mía asintió con la cabeza, manteniendo su voz pausada y calmada. —Exacto. ¡En momentos como este es cuando menos debes esconderte! Si te aíslas, llamarás la atención. Tienes que ir y demostrar preocupación por ella. Además, debes actuar con total naturalidad. ¡Después de todo, son hermanas!

A Yadira aún le daba miedo. —Pero... ¡estoy asustada! ¿Y si está viva? ¿Y si me vio?

Mía le apretó los hombros, consolándola con un tono suave. —No te preocupes. Nunca te bajaste del vehículo. ¿Cómo podría haberte visto?

—Además, debe estar muy grave. Si sobrevive, quiero que vayas a investigar. Averigua qué tan severas son sus lesiones y asegúrate de saber qué pasó con el bebé que lleva en el vientre.

—Nelson estará devastado, y tú podrás estar a su lado para consolarlo justo en su momento de mayor fragilidad.

—Y si muere, puedes llorar, mostrar tus condolencias y ganarte la simpatía de todos. ¿Lo entiendes?

Al escuchar los argumentos de su madre, Yadira reconoció que tenía razón.

Mía hizo una pausa; un destello de crueldad cruzó por su mirada.

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