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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 495

—¡Rápido! ¡Abran paso!

Varios médicos de urgencias entraron a toda velocidad empujando una camilla.

En la camilla yacía una mujer cubierta de sangre, con el rostro pálido como el papel. Había caído en un coma profundo; su respiración era tan débil que apenas se notaba.

—¡El conductor se dio a la fuga! Cuando llegó la ambulancia, ¡ya había pasado el tiempo crucial para la reanimación!

Las palabras del paramédico pusieron los nervios de todos a flor de piel de inmediato.

Sin detener el paso, conectaron a la paciente al monitor cardíaco con rapidez. Las líneas ondulantes en la pantalla no paraban de saltar.

Nelson acababa de salir del ascensor, caminando a paso rápido y con el ceño fruncido.

Movido por su ética profesional y sus instintos médicos, se hizo a un lado inconscientemente y se pegó a la pared para ceder el paso al equipo de urgencias.

Aunque su cuerpo se había apartado, toda su mente seguía enfocada en el celular.

Lo apretaba con fuerza, sin despegar la vista de la pantalla, esperando la respuesta de su guardaespaldas.

—¡Paciente femenina en sus veintes! Víctima de un grave accidente de tráfico. Se encuentra en estado de coma. ¡Su presión arterial sigue cayendo!

—¿Está embarazada? ¡Con esa hemorragia, me temo que lo va a perder!

Los pacientes que esperaban en el área contuvieron la respiración y guardaron silencio por inercia.

El personal médico rodeó la camilla moviéndose a gran velocidad, pero sin perder el control.

El médico de urgencias se inclinó a examinarla velozmente y ordenó: —¡Shock hemorrágico! El estado del feto es desconocido. ¡Preparen el quirófano ahora mismo!

Su conversación llegó a oídos de Nelson.

Embarazada... Accidente... Conductor a la fuga...

La combinación de esas palabras provocó que los pasos de Nelson se detuvieran, y la tensión en su mirada se volvió aún más intensa.

¿Qué estaba pasando últimamente? ¿Por qué todo el mundo sufría accidentes de tránsito?

—Pero la señora no está. En el auto solo está Lionel, aunque parece que tomó somníferos. Aún no despierta, ¡así que no podemos interrogarlo para saber qué pasó!

La expresión de Nelson pasó de ser de preocupación a una de rabia.

Lionel había trabajado para él durante muchos años y nunca se atrevería a quedarse dormido en horario laboral. La única explicación lógica era que alguien lo había drogado.

Y la única persona capaz de drogar a Lionel sin despertar sospechas... ¡era Ivana!

—¡Perfecto, Ivana! ¡Otra vez usando tu truquito de desaparecer mágicamente!

Nelson soltó una carcajada irónica; cuanto más lo pensaba, más se enfurecía.

Últimamente parecía estarse portando bien, pero en el fondo, nunca abandonó la idea del divorcio, ¿verdad? ¡Y ahora seguro estaba repitiendo su vieja estrategia!

—¡Vayan a buscar a la familia Mayén! Vayan al aeropuerto. ¡Bloqueen todas las rutas de escape posibles! Si la encuentran, quiero que la traigan de vuelta, ¡así tengan que amarrarla!

Mientras tanto, a sus espaldas, la mujer en la camilla se debatía entre la vida y la muerte.

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