Dicho esto, colgó sin dudarlo.
***
A la mañana siguiente, el día 25.
Ivana se levantó muy temprano, se arregló y desayunó como de costumbre.
Sin embargo, si uno se fijaba bien, en sus ojos había tensión, pero también el alivio de que todo estaba por terminar.
Ese día también era el cumpleaños del profe Gonzalo, por lo que Nelson, después de desayunar, tenía planeado ir a visitarlo al hospital.
—Tengo que ir un momento a la empresa esta mañana a entregar unos equipos. En la tarde pasaré a celebrar el cumpleaños del profe Gonzalo.
Dijo Ivana con tono casual mientras organizaba su bolso y Nelson se ajustaba la corbata.
Nelson frunció el ceño, pero no dijo mucho. —Que te lleve Lionel. No conduzcas tú.
Ivana sabía perfectamente que solo quería que Lionel la vigilara. Asintió con obediencia y salió de la casa.
El auto nuevo que Petrona y Mauro le habían regalado estaba estacionado abajo. Lionel la esperaba a un lado y le abrió la puerta con respeto.
Desde que subió al auto, Ivana mantuvo los ojos cerrados, como si el ruido y el movimiento de la ciudad no tuvieran nada que ver con ella.
Aferró su bolso con fuerza. Antes de salir, se había asegurado de llevar consigo los somníferos.
Como no dormía bien, siempre tenía de esas pastillas en su cajón.
—Lionel, tengo un poco de sed. ¿Podrías orillarte y comprarme un café ahí dentro?
Dijo Ivana de repente al pasar frente a un centro comercial.
—¡Claro! Espéreme un momento, voy enseguida.
Lionel metió rápidamente el auto en el estacionamiento subterráneo.
Fue bastante precavido; antes de bajarse, se aseguró de poner los seguros, supuestamente por miedo a que Ivana se escapara de nuevo.
Cuando Lionel se perdió de vista, Ivana se pasó de inmediato al asiento del conductor. Allí estaba el termo del que Lionel solía tomar agua.
Abrió la tapa, trituró un somnífero hasta hacerlo polvo, lo vertió dentro y agitó el recipiente.
Luego, volvió a su lugar.
Cuando Lionel regresó al vehículo, Ivana recibió su café y le dio las gracias.
Justo cuando él se disponía a encender el motor para ir a la empresa, Ivana lo detuvo.
—Espera un poco. Creo que desayuné muy rápido y me siento algo mareada. Saldremos en un rato.
—Lo siento mucho.
Susurró Ivana, y tras bajarse del auto, comenzó a caminar hacia la salida.
Antes de poder salir del estacionamiento, sonó su celular.
Al mirar la pantalla, confirmó que era la Dra. Camila.
—Ivana, ya tenemos programada la hora de tu cirugía. ¿Ya vienes en camino? ¡No vayas a llegar tarde!
—Ya salí, llego en aproximadamente una hora.
Ivana guardó el teléfono y caminó apresuradamente en dirección a la estación.
¡Solo tenía que superar ese día y el problema en su vientre quedaría resuelto para siempre!
Sin embargo, justo cuando dio un paso fuera del estacionamiento, ¡el ensordecedor rugido del motor de un auto resonó en sus oídos!
Ivana giró la cabeza instintivamente y vio un auto negro que, con una furia descontrolada, se dirigía directamente hacia ella.
Iba tan rápido que no tuvo tiempo de reaccionar.
¡BAM!

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