Las luces de neón de la ciudad ya parpadeaban, los autos iban y venían, reflejando el caos urbano.
De repente, le llegó un mensaje de WhatsApp; era Jaime preguntándole si iría a verlo al hospital más tarde.
Yadira tenía la cabeza hecha un lío, así que solo pudo responderle a su hijo que estaba ocupada y que no iría.
En cuanto recibiera esas medicinas, ¡la bomba de tiempo que Ivana llevaba en el vientre desaparecería!
Pero, por más que intentaba tranquilizarse, sentía un hueco en el estómago.
Después de pensarlo bien, marcó otro número.
Sonaron dos tonos antes de que descolgaran. Del otro lado se escuchó la voz de Mía Jiménez, suave pero con un toque de agotamiento.
—Yadira, ¿qué pasa?
Al escuchar la voz de su madre, Yadira al fin soltó toda la tensión acumulada, sintiendo que había encontrado su ancla. Las lágrimas casi se le escapan de los ojos.
—¡Mamá, pasó una tragedia! ¡Ivana está embarazada! Yo misma le hice la prueba, ¡¿qué voy a hacer?!
Hubo un largo silencio al otro lado de la línea.
Por fin, Mía habló con lentitud y una frialdad calculada.
—¿Y cómo lo sabes? ¿Te lo dijo Nelson? ¿Estás completamente segura?
—¡Estoy segura! ¡Usé varias pruebas y todas marcaron las dos rayitas! Mamá... ¿qué voy a hacer? ¡Si tiene a ese niño, se acabó todo para mí! Nelson aún no lo sabe, o al menos eso creo, pero... ¡Ivana lo va a atrapar para siempre con esto, y todo mi esfuerzo no habrá servido de nada!
Yadira hablaba a toda velocidad, casi tropezando con las palabras, pero de pronto retomó el tono frío.
—Pero ya pensé en algo, ya contacté a alguien para comprar unas pastillas. Le voy a provocar un aborto, la dejaré estéril, ¡así mato dos pájaros de un tiro!
—¡No te atrevas!
El grito furioso de Mía Jiménez resonó en su oído.
La orden de su madre cayó sobre Yadira como un balde de agua helada, sacándola de su trance irracional.
Mía respiró aliviada.
—Ni se te ocurra comprar esas pastillas. Si Ivana está embarazada, significa que su cuerpo está en un estado muy delicado. Y como lleva tiempo abusando de los analgésicos, seguro pronto tendrá complicaciones. Esperemos. Esto hay que planearlo bien.
Yadira apretó el celular, aflojó el agarre y lo volvió a apretar. La locura en sus ojos no se desvaneció, simplemente se transformó en una malicia mucho más oscura.
—Entendido, mamá.
—Muy bien. Por ahora sigue tu vida normal. Incluso puedes ir a la mansión vieja para sondear el terreno y ver si la familia Zavala ya sabe lo del embarazo.
—Mjm.
Al colgar, Yadira se limpió las lágrimas de coraje, tomó su polvo compacto y comenzó a retocarse el maquillaje frente al espejo retrovisor.
Sin embargo, jamás lograría igualar la sangre fría de su madre.
«Ya verás, Ivana. Juro que no te dejaré tener a ese hijo».

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