Entrar Via

Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 480

Silverio se quedó de pie en su sitio, frotándose la muñeca entumecida. Su mirada tranquila pasó por los guardaespaldas y, finalmente, se detuvo en Nelson.

La tensión en la habitación era asfixiante; la mirada de Nelson parecía lista para devorarlo vivo.

Silverio estuvo a punto de soltar una explicación, pero las palabras se le atascaron en la garganta.

Ladeó un poco la cabeza, miró a Ivana, que seguía dormida en la cama, y de manera casi inconsciente, se tocó los labios con los que la acababa de besar.

La ligera sensación de culpa que tenía se esfumó de golpe.

Ya los habían descubierto, ¿y qué?

—Nelson Zavala, ya lo viste. Fui yo quien la besó, ¡ella no tiene nada que ver!

Mientras hablaba, Silverio se ajustó la corbata desacomodada y encaró la furia de Nelson sin pestañear.

—Admito que me pasé de la raya, ¡pero no me arrepiento de lo que hice!

Nelson tembló de ira. Con los ojos inyectados en sangre, espetó con frialdad:

—¡A ver, repítelo!

La voz de Silverio no se alteró, pero pronunció cada palabra con letal claridad:

—Creo que fui muy claro. ¡Estoy enamorado de Ivana!

Nelson soltó una carcajada amarga, descubriendo por primera vez hasta qué punto alguien podía ser tan cínico.

—¡Es mi esposa!

Contra todo pronóstico, Silverio sonrió con desdén y dejó de lado cualquier rastro de cortesía.

—Tú, Zavala, te llenas la boca diciendo que es tu esposa, pero mírala cómo está...

Señaló la cicatriz en la muñeca de Ivana, esa herida de años atrás que aún causaba escozor con solo verla.

—¿Te casaste con ella para obligarla a vivir así?

Silverio dio un paso al frente, mirándolo de hito en hito, firme y sin rodeos.

—Si no sabes valorarla, ¿por qué no dejas que otro hombre la haga feliz? Y te aseguro que yo la entiendo y la cuidaré mil veces mejor que tú. ¡Deberías hacerte a un lado!

¡Aquello fue una provocación abierta!

Con mucha dificultad intentó levantarse de la cama, pero el alcohol aún la dominaba y las piernas le temblaban al ponerse de pie.

Nelson tenía a Silverio acorralado contra la pared, descargando sus puños con cada vez más violencia.

El labio de Silverio ya estaba roto y sangraba profusamente, pero él seguía mirándolo con un desafío obstinado.

—¡Silverio!

Ivana se tambaleó hacia adelante e intentó sujetar el brazo de Nelson para detenerlo.

—¡Ya suéltalo! ¿Por qué no pueden hablar como personas civilizadas?

Ciego de cólera, Nelson se giró bruscamente y la empujó para apartarla.

Como Ivana ya estaba mareada, el empujón la hizo perder el equilibrio. La angustia la estaba devorando.

¡Si seguía golpeándolo así, lo iba a matar!

Sin saber de dónde sacó fuerzas, agarró un adorno que estaba sobre la mesa y lo estrelló con fuerza contra el hombro de Nelson.

Ella solo quería obligarlo a parar, a que dejara de actuar como un animal y permitiera aclarar las cosas, ¡porque de seguro todo era un malentendido!

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Llegas tarde: el divorcio ya está firmado