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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 445

—Entonces, gracias, suegra.

Ivana no se hizo del rogar y aceptó la tarjeta.

Esa no era más que una manera decente de cerrarle la boca.

Todas aquellas verdades ocultas en las sombras y el dolor inexpresable quedarían sepultados bajo esos costosos regalos y palabras amables.

Rechazarlos solo la haría ver caprichosa, y ella realmente necesitaba el dinero.

Pero justo en el instante en que sus dedos rozaron la tarjeta, esa conocida ola de náuseas subió desde el fondo de su estómago.

Palideció, se tapó la boca y soltó una arcada.

—¿Qué pasa? ¿Te volvió a doler el estómago? —Petrona se sobresaltó y se levantó de prisa para sostenerla.

Ivana, con el rostro blanco, agitó la mano y reprimió el malestar.

—Estoy bien, quizás comí muy rápido y me cayó pesado.

Al verla sufrir, Petrona pareció recordar algo.

—¿Cómo van los preparativos para la competencia? ¿No te estarás exigiendo demasiado?

—No se preocupe, ¡puedo con esto!

Ivana respondió con determinación.

La competencia era su prioridad número uno, no iba a dejar que nada la distrajera.

—Qué bueno, pero no te fuerces de más. ¡La salud es lo primero! —dijo Petrona mientras tomaba el brazo de Mauro—. Si no te sientes bien, no te interrumpimos más para que puedas descansar.

Luego miró a Ivana con una expresión elocuente.

—Guarda bien el dinero y los regalos, ¡y no te prives de nada!

Ivana asintió sin decir una palabra.

—Ivana, nos retiramos. Si necesitas algo, ¡no dudes en decirnos!

Mauro le dio una última recomendación antes de darse la vuelta.

Si hasta su nuera sufría humillaciones, ¿qué le quedaba a él como hijo? ¿Podría acaso reprender a su propia madre?

—¡Pero esto no es justo para Ivana!

Aunque Petrona se quejaba, comprendía la difícil posición de su esposo, y su tono se suavizó.

Antes de salir de la propiedad, la pareja chocó de frente con Nelson, que acababa de regresar.

Nelson llevaba el brazo en cabestrillo y despedía un fuerte aliento a alcohol. Al ver a sus padres en la puerta, se detuvo.

—¿Qué hacen aquí?

Su voz seguía afectada por la fiebre, pero su tono era irritado. Evidentemente, aún no se recuperaba del altercado con Yadira y Adán en la cafetería.

Enojado y abrumado, había ido a tomarse un par de tragos.

Petrona olfateó el aire y frunció el ceño de inmediato.

—¿Estuviste bebiendo? Tus heridas ni siquiera han sanado y el doctor te dijo que debías reposar y cuidarte, ¿cómo se te ocurre irte a beber? ¡Se nota que no estás tan grave si tienes ánimos para salir!

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