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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 427

Yadira parpadeó y lo miró esperanzada.

—Con esto, supongo que ya me crees, ¿verdad?

Las pupilas de Adán se contrajeron. Él sabía perfectamente cuánto amaba Yadira a su hijo. Si era capaz de jurar por la vida de Jaime, entonces este asunto realmente no tenía nada que ver con ella.

¡Quizás él estaba siendo demasiado paranoico!

Finalmente, dejó escapar un suspiro de alivio.

—Lo siento, te juzgué mal.

Yadira se secó las lágrimas.

—No importa. Sé que tus intenciones eran buenas, ¡pero para la próxima no puedes hacerme esto! Si hasta tú dudas de mí de esta manera, ¡imagínate lo mucho que me duele!

Había un toque de timidez en su tono de voz.

Adán sintió un repentino cosquilleo en el pecho e inmediatamente giró la cabeza.

—¿Quieres pasar un rato?

—¡No hace falta!

Adán no volvió a mirarla y simplemente se dio la vuelta para marcharse.

No fue hasta que la figura del hombre desapareció por completo que la expresión de Yadira se relajó.

Ella sabía que, una vez más, había logrado engañarlo.

Con tan solo rogarle un poco, el corazón de él terminaría cediendo.

Ella estaba muy consciente de los sentimientos que Adán albergaba por ella desde sus años en la universidad.

¡El problema fue que la primera persona que apareció en su vida había sido Nelson!

Y desde entonces, ella nunca había dejado de aprovecharse de sus sentimientos.

«Lo siento mucho, Adán».

Con el peso fuera de sus hombros, su mente rápidamente volvió a llenarse de frustración.

Esa tal Ivana... ¿por qué era tan difícil de matar?

Ya no podía seguir esperando. Si no hubiera sido porque le prometió a Adán que se iría al extranjero, jamás habría soportado ver a Nelson y a Ivana viviendo felices y enamorados durante esos cuatro años.

Tenía que encontrar rápido otra manera de deshacerse de Ivana.

***

A la mañana siguiente.

En el despacho, el incienso de sándalo llenaba el aire de humo perfumado. Doña Daniela estaba de pie frente al escritorio, escribiendo con paciencia.

Al escuchar los pasos, frunció ligeramente el ceño y una gruesa gota de tinta cayó del pincel.

—Una caligrafía tan hermosa y se acaba de arruinar por esto.

Nelson se quedó de pie en la puerta, sin entrar.

—Abuela, ayer secuestraron a Ivana en el banquete de cumpleaños de mi madre. ¿Fuiste tú?

Mantuvo un tono de voz muy bajo y suave, pero que denotaba un esfuerzo sobrehumano por mantener el control.

Doña Daniela finalmente dejó la pluma sobre la mesa.

—No te molestes en investigar más. ¡Sí, fui yo quien envió a esa gente!

Nelson se quedó petrificado en su lugar, olvidando siquiera cómo reaccionar.

Doña Daniela se volvió hacia él, manteniendo la misma sonrisa amable de siempre en su rostro.

—Nelson, mi niño, yo solo quería darle una lección a Ivana. ¡Como vi que tú nunca te atrevías a hacerlo, decidí darte una mano!

Nelson apretó los puños con fuerza, incapaz de creer las palabras que acababan de salir de la boca de su abuela.

—¿Darme una mano? Mandaste a secuestrarla y la encerraste en una fábrica abandonada. ¡Si no hubiera llegado a tiempo, ella habría muerto quemada! ¡Es mi esposa, tu propia nieta política!

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