En ese preciso instante, las pestañas de Ivana temblaron levemente y abrió los ojos de golpe.
Durante el primer segundo hubo desconcierto en su mirada, pero en cuanto reconoció al hombre que tenía a un centímetro de distancia, la somnolencia se esfumó. En su lugar apareció una actitud de total y absoluta alarma.
Ivana se echó hacia atrás por puro instinto, marcando distancia rápidamente, y su voz sonó áspera por haber estado durmiendo.
—¿Qué estás haciendo?
Esa mirada cargada de repulsión fue como un balde de agua helada, extinguiendo al instante cualquier atisbo de romance que hubiera surgido en el corazón de Nelson.
El aire se espesó durante un par de segundos.
Nelson seguía congelado, inclinado hacia adelante. Tras una pausa, se irguió lentamente.
Se aclaró la garganta, dio media vuelta con su habitual expresión serena y murmuró:
—Solo venía a recordarte... ¡que ya deberías lavarte el cabello!
Sin decir más, se alejó a pasos apresurados.
Ivana se quedó sentada en el mismo lugar, observando cómo se marchaba. Llevó la mano a su cabeza, tocándose el cabello confundida, y masculló en voz baja:
—Qué tipo tan raro, ¿está loco o qué?
...
Por otro lado, Yadira seguía merodeando, buscando cómo acercarse a Petrona.
A sus ojos, esa mujer era su futura suegra y era fundamental ganarse su afecto.
Si no lo hacía, aunque lograra quitar del camino a Ivana, tal vez nunca la dejarían entrar a la familia Zavala.
Justo cuando finalmente se llenó de valor para caminar hacia su mesa, un hombre le cerró el paso.
—Señorita Dimas, esa mesa está llena de académicos y científicos. Si usted no sabe de esos temas, ¿qué necesidad tiene de ir a meterse?
Quien hablaba era Draco, el representante de SaludLab, con quien Yadira había coincidido en un par de ocasiones.
Él también había logrado colarse en la fiesta, y era obvio que seguía intentando acercarse a la familia Zavala para lograr que los medicamentos de su laboratorio se lanzaran al mercado.
Se acercó y se paró junto a Petrona con aire sumiso y una sonrisa dulce en el rostro.
—Señora Petrona, ¿quiénes son estas amables personas?
Al ver que era ella, Petrona frunció el ceño de forma casi imperceptible, pero respondió con cortesía:
—Este es el Dr. Dionisio y sus colegas.
¿Doctor? ¿Académico?
Sonaba a gente muy importante.
Yadira se acercó un poco más a la mesa. Al ver que los invitados solo tenían tazas de té, tomó un menú de las manos de un mesero y lo abrió estratégicamente en la página de los platillos más caros, como los cortes finos y la langosta con trufas.
—Dr. Dionisio, seguro que asiste a esta clase de eventos todo el tiempo y debe tener un paladar muy exquisito. ¡Mire el menú a ver qué se le antoja!
Sus palabras no solo desbordaban adulación artificial, sino que también tenían un tono de anfitriona, ¡como si ella y la familia Zavala, en especial Petrona, tuvieran un vínculo súper íntimo!

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