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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 398

La sonrisa de Yadira se congeló en su rostro, y por un fugaz instante, una mirada de crueldad cruzó sus ojos.

Sin embargo, recuperó la compostura rápidamente. Agachó la mirada y, cuando volvió a levantar la cabeza, sus ojos ya estaban cristalizados por las lágrimas.

—Nelson, ¿acaso olvidaste cómo llegó este niño a nuestras vidas? ¿No me prometiste que me ayudarías a cuidarlo? ¿Te estás echando para atrás?

Sus palabras eran sutiles, pero el mensaje estaba más que claro, y era obvio que iban dirigidas a Ivana.

Ivana, instintivamente, miró a Nelson de reojo y, tal como esperaba, vio en sus ojos una evidente culpa e incomodidad.

Al no poder soportarlo más, levantó la mano y golpeó con fuerza el brazo herido de Nelson.

—¡Ah!

El dolor lo hizo quejarse; unas gotas de sudor frío brotaron en su frente, y por fin soltó el agarre.

—¿Qué te pasa? ¿No ves que estoy malherido?

Ivana soltó una risa fría. Si no estuviera tan lastimado, jamás habría podido zafarse.

—El doctor Zavala es un hombre muy ocupado. No pierda su tiempo aquí conmigo.

Hizo una pausa y miró a los dos antes de continuar:

—Nelson, de verdad que no te entiendo. Si te divorcias de mí, podrías darles a ella y a su hijo el lugar que les corresponde en la familia. Así no tendrías que cargar con la culpa. ¡Madura un poco y piénsalo en serio!

Dicho esto, se dio la vuelta y se alejó sin mirar atrás, dejando a Nelson completamente desconcertado.

¿De qué diablos estaba hablando?

¿Qué tenía que ver el hijo de Yadira con su divorcio? ¿Y eso de darles su lugar en la familia?

—¡Ivana, vuelve aquí! ¡Explícame a qué te refieres!

Sin importarle el dolor punzante en el brazo, Nelson echó a correr tras ella.

Yadira se quedó petrificada en su lugar, con la cabeza baja, oculta en las sombras del pasillo, donde nadie podía descifrar la expresión de su rostro.

—Qué sorpresa ver al joven Mayén por aquí —dijo Nelson con voz pausada—. Si mal no recuerdo, estabas un par de años arriba de mi esposa en la universidad. Llevamos cuatro años casados y la verdad es que casi nunca la escucho hablar de ti. Supongo que no se conocen muy bien, ¿cierto?

La sonrisa de Silverio no vaciló.

—Es verdad, nuestras interacciones siempre fueron más por motivos de trabajo. Pero supongo que, con el tiempo, nos iremos conociendo mejor.

—Ah, ¿de verdad?

Ivana sintió que la mano que la sostenía dio un leve apretón. Quiso voltear y preguntarle si estaba loco.

Pero como estaban en pleno salón principal y había mucha gente observando, no le quedó más remedio que aguantarse.

En ese instante, un mesero pasó cerca de ellos con una bandeja de champaña, y Nelson tomó una copa sin pensarlo dos veces.

Justo cuando iba a llevarla a sus labios, hizo un movimiento «torpe» con la muñeca y derramó más de la mitad del contenido directamente sobre la ropa de Silverio.

—¡Uy, cuánto lo siento! —se disculpó Nelson con el mayor descaro—. Tengo el brazo lastimado, ¡no fue a propósito!«»

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