Gilda, que tenía ojo de águila, notó rápidamente la presencia de Nelson y detuvo a ambos en seco.
—¡Chicos, vayamos por acá!
A Silverio no le importaba, pero miró a Ivana por instinto, buscando su aprobación.
Como ella tampoco tenía ganas de lidiar con el hombre de afuera, asintió rápidamente.
Dieron una pequeña vuelta y se dirigieron directamente al estacionamiento subterráneo.
Gilda insistió a toda costa en ser la dueña del volante. Así que tomó el control y, en cuanto los otros dos estuvieron acomodados, pisó el acelerador a fondo y salieron disparados.
El estacionamiento tenía dos salidas, pero ella se empeñó en usar la salida este.
Pasó manejando frente a Nelson con lentitud desesperante y, justo antes de que el hombre pudiera reaccionar, aceleró de golpe, perdiéndose en la calle.
Incluso tuvo el descaro de bajar la ventanilla y mostrarle el dedo medio al hombre que quedaba atrás.
Ivana no pudo contener la risa, ¡ni siquiera quería imaginarse la cara que debía tener Nelson en ese momento!
En realidad, Gilda no estaba invitada a la fiesta de Petrona Montenegro. No era su alumna y, para colmo, tenía clases en la universidad.
Silverio le había sugerido que se fuera primero, pero ella se había negado rotundamente, insistiendo a gritos en que debía ser ella quien ayudara a Ivana a arreglarse.
—¿Cuál es la prisa? Mi clase es pasadas las 4 de la tarde. Además, ¿acaso no van a una gala formal? Veo que Ivana solo lleva ropa de trabajo y ni siquiera trajo un cambio. ¡Ay, hermanito, qué descuidado eres!
Así que Gilda arrastró a Ivana a un exclusivo centro comercial, le escogió un atuendo de primera y supervisó su peinado y maquillaje. Solo cuando el resultado fue perfecto, se marchó satisfecha.
Con todo ese retraso, pasó poco más de una hora.
Para cuando Silverio e Ivana llegaron al salón de eventos, estuvieron a punto de llegar tarde.
La mayor parte de la familia Zavala ya estaba allí, junto a varios altos ejecutivos del Grupo Zavala. Ivana apenas lograba reconocer algunos rostros entre tanta gente.
Afortunadamente, la mayoría de los invitados eran colegas o alumnos de Petrona, y a esos, Ivana sí los conocía bastante bien.
Al ver a la pareja entrar, los presentes no pudieron evitar girar la cabeza para mirarlos.
Apenas entraron Ivana y Silverio, Petrona se acercó a recibirlos.
Junto a ella venían otros académicos con los que Ivana había coincidido en la pasada conferencia de prensa.
Comenzaron a charlar animadamente sobre cómo la teoría que Petrona había depurado recientemente, ya se estaba aplicando con enorme éxito en la práctica en tan solo unos meses.
Para un académico, no había mayor orgullo que ver sus ideas en acción, y Petrona estaba pletórica.
Pero en medio de la charla, sus ojos empezaron a buscar a alguien. Al ver pasar a uno de los jóvenes de la familia Zavala, lo detuvo.
—Joaquín, ¿has visto a Nelson?
El muchacho asintió y miró instintivamente hacia las habitaciones privadas del fondo.
Los demás siguieron su mirada por puro reflejo.
Y con total imprudencia, Joaquín soltó: —Nelson acaba de entrar ahí con Yadira, ¿todavía no han salido?

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