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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 379

—Oh, ¡así están las cosas! —La mujer levantó ligeramente una ceja.

Ambas salieron del teatro y, una vez que subieron al auto, Yadira le susurró al oído unos detalles a su madre.

—Parece que la anciana aún tiene ciertas reservas por Nelson. ¡No planeó un castigo muy severo!

Yadira se mostró igual de decepcionada.

—Así es. ¡Yo pensaba que esa vieja le impondría un castigo verdaderamente humillante a Ivana, pero resulta ser algo tan insignificante!

La mujer frunció el ceño pensativa, pero pronto esbozó una sonrisa.

—Yadira, ¿olvidas lo que te enseñé? Para muchas cosas no necesitas ensuciarte las manos. ¡Solo debes esperar el momento adecuado y echar un poco más de leña al fuego!

—A partir de ahora, procura ir a la mansión de la familia Zavala más seguido. Gánate bien a la anciana e intenta descubrir todos los detalles de lo que planea hacer en la fiesta de cumpleaños de Petrona.

—Si te parece que el castigo es muy blando, nosotras le ayudaremos a la anciana. ¡Nos encargaremos de darle su merecido final a Ivana!

Los ojos de Yadira se iluminaron al instante; comprendió perfectamente las intenciones de su madre.

—¡Claro, ya entendí!

Tras meditarlo cuidadosamente, concluyó que la idea de su madre era magistral.

Lo ideal sería deshacerse de Ivana de una vez por todas ese día. Y lo más importante era que, incluso si después Nelson decidía investigar a fondo, ¡todas las pistas apuntarían directamente hacia su propia abuela!

Después de todo, la sangre llama, y además había sido su abuela quien lo crio. ¡Seguro que, al final, el asunto quedaría sepultado en el olvido!

Cuanto más lo pensaba, más factible le parecía el plan a Yadira. Se apoyó sonriente en el hombro de su madre.

—Mamá, qué bueno que regresaste. ¡Sabía que tendrías una solución para todo!

Como ya era la hora de cenar, ambas comenzaron a discutir a dónde irían.

Al final optaron por dirigirse juntas al hospital, aprovechando la oportunidad para visitar al enfermo de Nelson.

Considerando que la madre de Yadira también era una figura mayor para él, y que durante las pláticas para la boda ambos habían convivido con los padres del otro, era perfectamente natural invitarlo a cenar ahora que ella había regresado al país.

...

Se quedó congelada en su lugar, con los ojos clavados en la mujer que estaba de pie dentro del vestíbulo.

Esa mujer llevaba el cabello corto a la altura de las orejas, un maquillaje discreto y un elegante traje sastre casual de estilo andrógino. Los zapatos de diseñador que llevaba le conferían una postura erguida e imponente.

A pesar de estar cerca de los cincuenta años, apenas tenía arrugas, y su semblante reflejaba la determinación característica de una exitosa mujer de negocios.

Un solo vistazo a su perfil fue suficiente para que Mariana perdiera todo el color de su rostro en un instante.

Se quedó mirándola fijamente, sin parpadear. En sus ojos se arremolinaban el impacto y todo aquel dolor y odio que el paso de los años había mantenido enterrados en lo más profundo.

¡Creía que jamás en la vida volvería a encontrarse con ella!

Y aquella mujer pareció sentir su mirada, porque giró la cabeza y sus ojos se cruzaron con los de Mariana.

El rostro de Mariana se volvió tan pálido como el papel. En efecto, era ella.

—¡Mía Jiménez!

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