Por lo visto, esa noche tendría que ir a espiar un poco a la segunda casa.
En ese momento, alguien tocó la puerta.
Melisa abrió.
Era Bianca.
—Meli, ¿tienes un momento? Quiero platicar contigo de algo.
Melisa la miró de reojo y se hizo a un lado para dejarla pasar.
Cuando Bianca se acomodó en el sillón, Melisa habló sin rodeos.
—¿Es por Patricio Sandoval?
—Sí —respondió Bianca—. Justo me enteré que la familia Sandoval se fue a la quiebra. Patricio y su hijo desaparecieron y yo…
—¿Quieres verlo? ¿O vienes a pedir por Luis Sandoval? —preguntó Melisa, con una voz impasible.
—No. Solo quiero saber qué clase de final les espera a esos dos —Bianca guardó silencio un instante, como si juntara fuerzas—. Lo de tu tía ya sé que lo tienes previsto, así que no me meto. Pero a Patricio y a su hijo… quiero que su final sea peor. Sé que tú puedes lograrlo. Te puedo pagar.
Melisa alzó una ceja.
—Pero Luis es tu hijo. ¿De verdad te animas?
Bianca apretó los labios.
—Por sangre, claro que me duele. Es mi hijo, lo cargué nueve meses. Pero si fue capaz de hacerle eso a su hermana, merece lo peor.
Melisa la miró de frente, unos segundos largos, como si buscara algo en sus ojos. Luego se levantó.
—Sígueme.
...
Noche en el club.
Melisa acompañó a Bianca y a Marcos a su salón privado.

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