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La Verdadera Heredera que Regresó del Infierno romance Capítulo 300

Melisa respondió de inmediato; la familia Orozco ya estaba al tanto de todo.

La abuela había pedido desde temprano a la muchacha que preparara la comida.

Cuando Melisa llegó a casa, los platillos seguían calientes, y todos los integrantes de las distintas ramas de la familia Orozco ya estaban reunidos.

Marcos, acompañado de Bianca, se había dado un baño y cambiado de ropa. Ahora, al menos, su ánimo parecía más estable.

Pero al ver a Elena entrando detrás de Melisa, Marcos, quien siempre había sido considerado débil, sintió cómo la rabia se le asomaba en los ojos. Se levantó de golpe, fijando su mirada en Elena.

—Tía, ¿por qué me hiciste esto?

Elena se escondió tras Melisa, sin atreverse a levantar la cabeza para mirar a los Orozco.

No hacía falta verla para saber que, en ese momento, todos en la familia Orozco deseaban devorarla viva.

—Siéntate —ordenó Melisa, con voz tranquila—. No olvides que tu tía es tu mayor, debes cuidar tu actitud.

—¿Melisa? —Marcos abrió los ojos como platos, sin poder creer lo que escuchaba.

¿Su prima estaba defendiendo a su tía?

Jimena también se quedó sorprendida y, arrugando el entrecejo, preguntó:

—Melisa, ¿qué está pasando? ¿Por qué trajiste a tu tía de regreso?

Ella había pensado que Melisa no perdonaría a Elena. Incluso si no la entregaba a la policía, seguro no le iba a permitir regresar tan fácil. Pero, para su sorpresa, Melisa la había llevado de vuelta a casa.

Melisa se sentó a la mesa con calma, y habló sin apuro:

—Abuela, al final todos somos familia. Lo que pasó ya quedó atrás. Mi tía me prometió que nunca volverá a cometer un error así.

Luego miró a Elena:

—¿Es cierto, tía?

Elena, incómoda, asintió con rapidez.

—Sí, sí es cierto.

Melisa sonrió.

—Al final, todo se reduce al dinero. Ya le di cuarenta mil pesos a mi tía. Con esa cantidad, seguro no volverá a causar problemas. Somos familia, no hay por qué hacer tanto drama por una cosa tan pequeña.

Apenas terminó de hablar, el asombro se apoderó de todos.

¿Cuarenta mil pesos?

¡Melisa sí que tenía dinero!

Esa cantidad, la entregó sin inmutarse, y encima, se la dio a Elena.

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