—No, no es así —Sofía se apresuró a explicar—. Ella no es mi hija, es tu hija, tu hija de sangre, Lorenzo, ¿acaso ya lo olvidaste? Fuiste tú mismo quien le hizo la prueba de paternidad a ella y a Pilar. Además, Paula tiene cosas de Araceli, ella sí es tu hija, no puede haber error.
Lorenzo la sujetó del cuello con una mano, una expresión distorsionada por la rabia en su cara.
—¡Dímelo de una vez! ¿Qué está pasando en realidad? ¡No trates de engañarme!
Estos días, las palabras de Pilar no dejaban de darle vueltas en la cabeza. Por más que pensaba, no lograba entenderlo. ¿Por qué la mamá de Pilar lo habría drogado, y aun así Pilar se atrevía a hablarle con esa seguridad? Eso de que él y su madre se habían jurado amor eterno… Él jamás había hecho algo así, ¿por qué Pilar insistía en decirlo?
Al ver la prueba de paternidad, de pronto todo le cuadró. Pilar era en verdad la hija de él y Araceli. Había descuidado a su verdadera hija durante años, mientras criaba a la hija de otra persona. Aunque se tratara de su propia hermana, hasta había pensado en matarla. Y ahora, ese pensamiento lo dominaba por completo.
Apretó cada vez más fuerte, hasta que Sofía comenzó a asfixiarse. Ella forcejeaba con desesperación, pero Lorenzo, con los ojos rojos de furia, estaba fuera de sí.
La miró con un odio puro y le gritó:
—¿Vas a hablar o no? ¡Si no hablas, aquí mismo te mato!
—¡Papá, ¿qué haces?! ¡Suelta a la tía, ya! —Patricia, que estaba al lado, trató de apartar a Lorenzo, pero era inútil.
Lorenzo le dio una patada y la apartó de un golpe.
—¡Quítate de aquí, mocosa! Ahorita no tengo tiempo para tus cosas.
Y volvió a apretar el cuello de Sofía.
—¡Habla, habla ya!
Sofía ya no podía articular palabra, solo parpadeaba con desesperación.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Verdadera Heredera que Regresó del Infierno