Melisa permaneció sentada, sin moverse ni un centímetro.
Tomás y sus hermanos se apresuraron a levantarse y corrieron hacia el señor Ismael.
—Papá —Tomás tomó su brazo, conteniendo la emoción—. ¿Ya despertó? ¿Cómo se siente? ¿Le duele algo? ¿Está incómodo?
El señor Ismael apartó la mano, haciendo un gesto de que todo estaba bien, y fue directo hacia Melisa.
Se detuvo frente a ella y, con la cabeza baja, expresó:
—Te pido disculpas. No cumplí con lo que me pediste.
Durante esos días, las empleadas de la casa ya le habían contado todo lo sucedido mientras él estuvo en cama.
Jamás en su larga vida hubiera imaginado que su propio hijo resultaría ser una persona tan ruin.
¿Quién en su sano juicio obligaría a su propia hija a comer en una jaula de perro, y encima, solo le daría un plato de arroz blanco?
Lo más absurdo era que la niña que Lorenzo siempre trató como una joya no era ni siquiera su hija biológica, sino la de su hermana.
Ismael, con todos sus años, nunca se había topado con algo tan retorcido.
Y ahora, el destino le puso todo eso en bandeja.
Para colmo, su propia familia había intentado envenenarlo.
Si no fuera por Melisa, ya estaría muerto.
Melisa no perdió el tiempo con palabras de cortesía. Sacó las pruebas de ADN de Patricia y Sofía y las puso sobre la mesa.
—Ahora que ya despertó, la sexta lección le toca dársela a usted, que Pilar la escuche de su propio abuelo.
El señor Ismael tomó el sobre de las pruebas y miró a Pilar, soltando un suspiro tan profundo que parecía romperle el pecho.
—Pilar, fue tu abuelo quien falló contigo. Pero te lo prometo, te voy a dar una explicación como se debe.
Después, se volvió hacia Melisa.
—Señorita Melisa, ¿por qué no los deja salir ya?
Melisa no respondió, solo le hizo una seña a Diego.
En cuestión de segundos, llevaron a Lorenzo y los demás frente a Ismael.
Había que admitirlo: Sofía sí quería a su hija. Llevaba dos días abrazando a Patricia, cubriéndola con su propio cuerpo para que no le pasara nada.
—¿Papá, ya despertó? —Lorenzo, que había estado aturdido todos estos días, ni siquiera sentía el dolor de las mordidas de perro. Al ver a Ismael de pie, se quedó paralizado.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Verdadera Heredera que Regresó del Infierno