Esta noche se aseguraría de que todos supieran que Serena era su hija y que él era el suegro de Jaime.
De esa forma, podría seguir utilizando ese prestigioso título y le resultaría mucho más fácil cerrar tratos en el futuro.
—Papá, lo entiendo.
Por una vez, Simona no le discutió a su padre; ella también anhelaba casarse con un hombre adinerado y disfrutar de la vida de alta sociedad como lo hacía Serena.
Malena añadió: —Yo también estaré atenta para ayudar a Simona, no te preocupes.
Esa noche, ella también aprovecharía para presumir y dejar claro a todas esas mujeres chismosas que siempre la miraban con desprecio, que ella sí tenía derecho a asistir a semejante evento.
Era la madrastra de Serena, y en resumidas cuentas, la suegra de Jaime de la Riva. Un hecho que, después de la boda de hoy, nadie podría negar.
—Papá, no tenemos invitación, ¿de verdad nos dejarán subir al crucero cuando lleguemos?
Ricardo respondió con total seguridad: —Por supuesto que sí. A fin de cuentas, somos la familia directa de la novia, tienen que dejarnos subir.
—¿Y si no nos dejan? Sería muy humillante.
Ricardo, con tono calculador, le explicó: —Tranquila, ellos tienen más miedo de pasar vergüenza que nosotros. Piensa en el tipo de evento que es hoy.
Escuché que, además de familiares y amigos, asistirán muchas figuras importantes de la política y de los negocios.
Si no nos dejan subir, haremos un escándalo en el muelle gritando que somos la familia de la novia, y ellos no podrán soportar semejante humillación.
Simona no preguntó más. Mientras lograra subir al barco, todo estaría bien; de lo contrario, sí que sería una verdadera vergüenza.
Además, si sus compañeros de universidad se enteraban de que era la hermana de Serena y ni siquiera la habían dejado asistir a la boda, no podría volver a dar la cara en el campus.

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