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La "Pueblerina" Que Humilló a la Alta Sociedad romance Capítulo 659

Don Fausto tomó un trago de licor y suspiró: —En aquel entonces, investigué durante muchísimo tiempo y no pude encontrar ninguna pista útil, así que tuve que tenderle una trampa a Ricardo.

Una noche que se emborrachó, se le soltó la lengua y fue ahí donde descubrí que le había estado reemplazando a tu madre sus verdaderas medicinas por otra sustancia a escondidas.

Se trataba de un fármaco de acción prolongada; consumirlo a largo plazo desarrollaba cáncer de pulmón. Además, investigué y supe que dicho fármaco provenía de Morris. Fue por eso que viajé a Morris.

Allí ocurrieron muchísimas cosas; por ayudar a un amigo, me vi obligado a ir a la frontera norte. Logré sobrevivir milagrosamente, y si no hubiera sido por tu Maestro Quinto, seguro me habría quedado enterrado allá.

En este punto, fue el turno del Maestro Quinto de sentirse confundido, así que preguntó: —En la frontera norte te escondí en el cañaveral y luego, al deshacerme de los que nos seguían

y regresar a buscarte una vez que pasó el conflicto armado, ya no estabas. ¿A dónde diablos fuiste en ese momento?

En aquella ocasión, lo había estado buscando exhaustivamente por los alrededores, y al no dar con él, se tuvo que marchar solo.

Don Fausto recordó la escena: —Justo después de que te llevaras a esa gente para distraerlos, apareció otro grupo de personas que no parecían estar del mismo bando.

Nunca supe quiénes eran, pero me encontraron. Tú sabías que yo estaba gravemente herido y no podía seguir huyendo.

Ellos fueron quienes me llevaron. Me subieron a un barco y me encerraron en la bodega. Más tarde, por el calor asfixiante de ese encierro, me desmayé.

Realmente no supe qué más pasó, solo sé que desperté a la orilla del mar sin recordar absolutamente nada de quién era. Unos pescadores me salvaron la vida.

Eso fue en la costa de la frontera de Ciudad Norte. Los pescadores me dijeron que, al encontrarme, estaba cubierto de heridas, y entre ellas, un fuerte golpe en la cabeza.

No sabía nada de mí mismo. Me quedé en la costa ayudando a esos pescadores en lo que podía; a cambio, me daban de comer, y así fue como logré sobrevivir.

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