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La "Pueblerina" Que Humilló a la Alta Sociedad romance Capítulo 648

De no haber sido porque Sebastián Peña la ayudó con la limpieza, se habría vuelto loca de frustración.

Julián no pudo evitar preguntar:

—¿Una matriz? Pero... en pleno siglo veintiuno, ¿aún existen ese tipo de cosas? Es increíble. Oye, y tú... ¿sabes cómo romper esto?

En cuanto las palabras salieron de su boca, se dio cuenta de lo estúpida que había sonado la pregunta. Si ella había logrado identificar que el lugar estaba sellado por una matriz, era obvio que entendía del tema.

Con razón el jefe había desaparecido tan pronto como cruzó el límite; había quedado atrapado en esa trampa invisible.

—Sí, sé cómo hacerlo. Pero tienen que pisar exactamente donde yo piso. Un solo paso en falso y podrían quedar atrapados, o peor aún, activar algún mecanismo oculto.

»En resumen, no se alejen de mí y manténganse alerta por si de repente vuela algún proyectil de la nada.

El secreto para destruir una matriz radicaba en encontrar su núcleo, pero dar con él nunca era tarea fácil.

Sin embargo, tras caminar unos diez minutos, Serena empezó a sentir que el patrón del lugar le resultaba extrañamente familiar. El estilo de diseño era demasiado parecido a los métodos de su Maestro Cuarto.

De hecho, la estructura se sentía casi idéntica a la trampa en la que la habían encerrado durante tres días cuando era niña.

¿Quién demonios era el funcionario que Julián estaba persiguiendo?

¿Y qué relación podría tener con el Maestro Cuarto?

Julián se giró hacia los dos hombres que los seguían y les advirtió:

—¿Escucharon lo que dijo? Pegados a ella y sin hacer estupideces. Si quedan atrapados, no habrá forma de sacarlos.

No tenía idea de quién le había enseñado todas esas cosas a la esposa del jefe, pero para ser tan joven, sus conocimientos sobre un tema tan oscuro eran asombrosos.

—Entendido, Jefe Julián —respondieron al unísono.

Si el mismísimo Jaime de la Riva llevaba dos días atrapado sin poder salir, ninguno de ellos iba a atreverse a jugarle al héroe.

Serena siguió avanzando, guiando al grupo.

—Oye, creo que ya pasamos por aquí —comentó uno de los hombres.

—Sí, es verdad. Recuerdo haber visto esa misma roca hace un rato. ¿No estaremos dando vueltas en círculos?

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