—Me duele el corazón... y la cabeza también —susurró Don Fausto Torres, llevándose una mano a la sien y la otra al pecho.
—Abuelo, ¿acaso recordaste algo? No te esfuerces, vamos poco a poco —le pidió ella, incapaz de soportar ver al anciano sufriendo de esa forma—. Abuelo, escúchame. Ven, vamos a respirar profundo. Hazlo conmigo: inhala... exhala... Eso es, muy bien. Otra vez, una respiración profunda.
Lo fue guiando con suavidad, ayudándolo a estabilizar sus emociones.
Estaba segura de que ver la foto de su madre y el collar había desencadenado una fuerte reacción en él.
Era una buena señal; significaba que, tarde o temprano, los recuerdos volverían.
Pero al ver lo mal que la estaba pasando en ese momento, comprendió que no podía apresurar las cosas.
La ansiedad y la presión serían contraproducentes para su recuperación mental.
Además, forzarlo a recordar de golpe podría provocarle un colapso neurológico o desatar otras complicaciones graves de salud.
Guiado por la voz de su nieta, Don Fausto respiró profundamente varias veces hasta que logró calmarse. Una vez que dejó de intentar forzar los recuerdos, el dolor en la cabeza y en el pecho desapareció.
—¿Te sientes mejor, abuelo?
—Mucho mejor. Hace un momento pasaron por mi cabeza algunas imágenes sueltas, todo muy confuso. Supongo que son recuerdos de mi pasado.
—No te impacientes, abuelo. Es probable que vuelvas a pasar por esto más adelante. Deja que las cosas fluyan. Si logras recordar algo, está bien; si no, tampoco intentes forzarlo. Llegará el día en que recuperes toda tu memoria.
—Está bien, lo entiendo. ¿Me dijiste que el nombre de tu madre era Clara Torres? —preguntó el anciano, volviendo la mirada hacia la lápida.
—Sí. Mamá me contó que fuiste tú quien eligió ese nombre para ella.
—Te pareces muchísimo a ella.
—Sí, mi mamá era hermosa, por eso me parezco a ella.
Serena fijó sus ojos en la fotografía de la tumba y una ola de melancolía volvió a invadirla.
Si tan solo su madre siguiera con vida... ¡Qué hermoso sería poder estar todos juntos como una familia!
Se quedó conversando con ella un rato más y luego se dispuso a regresar con su abuelo.
El cielo comenzaba a oscurecerse de forma inquietante; temía que estuviera a punto de llover.

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