Ignacio apretó los labios. Por supuesto que entendía la indirecta en las palabras de Tatiana: si él aceptaba salir con ella en serio, podrían continuar. Y sabía que se lo decía a propósito, arrinconándolo para que diera el paso.
Al captar sus intenciones, Ignacio se encogió de hombros, fingiendo total indiferencia.
—Bueno, entonces que te vaya bien. Adiós.
Tatiana apretó los dientes en secreto.
—¡Que tenga un buen viaje, joven Rodríguez, no lo acompaño a la puerta!
Ignacio subió al auto y dejó la villa en la montaña. Solo cuando su estómago rugió se dio cuenta de que esa mujer lo había echado sin siquiera darle el desayuno.
*Qué mujer tan implacable.*
Pero, pensándolo bien, Ignacio concluyó que era lo mejor. Con una mujer tan fiera, más valía mantener su distancia.
...
Ese día, Isabella Quintero pidió permiso en el trabajo y no fue a la empresa. Por la mañana, después de coordinar con Jairo, fue a un centro comercial a comprar regalos y luego al spa para un tratamiento facial. Llegó al restaurante del hotel que había reservado con media hora de anticipación.
Como el hotel pertenecía al Grupo Crespo, Isabella le había pedido explícitamente a los meseros que no la llamaran 'señora', pues temía que la familia de la novia pensara que estaba presumiendo su estatus.
Media hora después, Leandro Muñoz llegó acompañado de Jimena Peralta y sus padres. Isabella se apresuró a recibirlos.
Jimena era la novia de Leandro. Llevaban poco tiempo saliendo, apenas medio año, pero ya estaban hablando de matrimonio, por lo que era el momento de que las familias se conocieran.
Como Leandro solo la tenía a ella como única hermana, naturalmente le correspondía a Isabella dar la cara por su familia.
Isabella se acercó con una cálida sonrisa y estrechó primero la mano de la madre de Jimena.
—Señora Peralta, mucho gusto. Soy la hermana de Leandro.
Leandro le había contado que los padres de Jimena eran profesores universitarios y que habían aceptado el compromiso porque admiraban el talento de Leandro.
Elena Peralta tenía un rostro amable. Sonrió y le dio unas palmaditas en el dorso de la mano a Isabella.
—Leandro me ha hablado mucho de ti. Sé que le llevas nueve años y que lo has cuidado muchísimo.
—Somos hermanos, es lo natural —respondió Isabella.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...