—Tiene un hijo pequeño, de unos seis o siete años. Quiero que se lo lleven y lo escondan unos días hasta que yo les dé nuevas instrucciones.
—Señor Prado, ¿no cree que eso es cruzar la raya?
Facundo frunció el ceño.
—¿Y desde cuándo te importa la moral con toda la basura que has hecho? ¿Ahora me vas a dar lecciones de ética?
—Nosotros hacemos trabajos sucios, sí, pero nunca nos hemos metido con niños. Solo le pregunto algo: si al niño le pasa algo estando en nuestras manos, ¿quién asume la responsabilidad?
—¡Pues esa será la culpa de Javier Saldaña por atreverse a desafiarme!
—No podemos hacer el trabajo.
—¿Tienes el valor de repetirlo?
—Nosotros no nos metemos en esa clase de bajezas, señor. Mejor busque a otro.
Sin dejar que Facundo añadiera una palabra más, Salomón colgó el teléfono. Soltó una carcajada burlona. Días atrás lo había abandonado a su suerte, ¿y ahora venía a pedirle un favor? No, peor aún, ni siquiera se lo estaba pidiendo, le estaba dando una orden.
¿Con qué derecho?
¿Por qué la Alianza Lunar tendría que mover un solo dedo por Facundo Prado, cuando él jamás les había dado nada a cambio?
La bilis le hirvió en el estómago a Salomón. No solo no movería un dedo por Facundo, sino que arruinaría sus planes. Se puso en contacto con el Grupo Crespo a través del Grupo Alfa y les filtró toda la información sobre el ataque planeado contra Javier Saldaña.
¡Facundo jamás se imaginó que Salomón se atrevería a rechazarlo!
Se quedó mirando el teléfono incrédulo durante varios segundos.
—¡Salomón, te estás buscando la muerte!
Pero la urgencia era presionar a Javier Saldaña, así que a Facundo no le quedó más remedio que arriesgarse y hacer el trabajo por su cuenta.
Una vez preparado todo el operativo, Facundo esperó a que Javier Saldaña le rogara piedad por teléfono.
Pero cayó la noche y la primera llamada que recibió fue de uno de sus propios hombres.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...