Facundo se quedó en silencio por un momento.
—Manoel Suárez, habla ya, ¿qué es exactamente lo que quieres?
Manoel fingió pensar con esfuerzo y luego levantó la vista para devolverle la pregunta.
—Señor Prado, ¿usted qué cree que quiero?
—¡Déjate de tonterías y pide lo que quieras de una vez!
—Mi fábrica quebró, mi esposa y mis hijos saltaron de un edificio, siento que mi vida ya no tiene sentido. Quiero morir.
—¡Entonces muérete!
—¡Por eso traje a tu hija!
—¡Manoel Suárez!
—¡Arrodíllate!
—¿Qué?
Los ojos de Manoel brillaron al pronunciar esa palabra.
—¡Quiero que te arrodilles!
—¡Estás completamente loco!
Al ver que Facundo se negaba, Manoel agarró a Carlota e hizo el ademán de saltar.
—¡Me arrodillo yo!
Quien dijo eso no fue Facundo, sino Víctor. Se había dejado caer de rodillas con agilidad, juntando las manos para suplicarle a Manoel.
—La niña que tienes ahí, aunque lleva la sangre de Facundo Prado, ¡es la hija de Floriana y mía! La amamos mucho, muchísimo, ¡por favor no le hagas daño!
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...