Justo en ese momento, Manoel Suárez la llamó por teléfono y Floriana contestó apresurada.
—¡Mami! ¡Buaaa, esto está muy alto, tengo mucho miedo!
Floriana miró rápidamente hacia el techo del alto edificio y logró divisar dos siluetas, una grande y una pequeña, paradas en el borde, como si fueran a caer al vacío en el siguiente segundo.
Sintió que las piernas le fallaban, y de inmediato corrió con todas sus fuerzas hacia el edificio.
Víctor también lo vio y corrió hacia la misma dirección. Como era más rápido, pronto la rebasó y la dejó atrás.
Facundo Prado también corrió hacia allá, pero cuando llegó al lado de Floriana, intentó sostenerla para que corrieran juntos.
Floriana lo empujó de un golpe.
—¿Qué haces preocupándote por mí? Carlota necesita que la rescaten ahora mismo. Hasta Víctor sabe que lo primero es ir por ella. ¿Y tú? ¿Acaso quieres quedarte aquí recordando viejos tiempos conmigo?
Después de apartar a Facundo, Floriana siguió corriendo, apretando los dientes. Ya estaba aterrada, le temblaban las piernas y tenía la mente en blanco, pero cuanto más se desesperaba, más largo parecía el camino. Se esforzó por mantener la compostura, pues en momentos así no podía permitirse colapsar.
Ante el grito de Floriana, la mirada de Facundo se endureció, pero finalmente la dejó y corrió hacia adelante.
Como era un edificio abandonado, los ascensores no funcionaban, así que los tres tuvieron que subir por las escaleras. Cuando Floriana llegó arriba, vio a Manoel Suárez sosteniendo a Carlota al borde de la azotea.
El viento soplaba fuerte allá arriba, haciendo que sus cuerpos se tambalearan, a punto de caer.
Floriana corrió hacia ellos de inmediato, pero a mitad de camino, Víctor la abrazó para detenerla.
—¡No lo alteres!
Floriana se aferró con fuerza a la manga de Víctor.
—Carlota...
—Primero calma a Carlota.
Floriana respiró profundo, conteniendo el pánico, y miró a Carlota, quien lloraba sin parar, muerta de miedo.
—¡Carlota, mamá está aquí!
Floriana intentó que su voz sonara lo más firme y calmada posible.
Al escuchar esa voz, Carlota abrió los ojos llenos de lágrimas y, al ver a Floriana, intentó bajar para ir hacia ella, pero Manoel tiró bruscamente de la niña hacia atrás, casi haciéndola caer.
Carlota soltó un grito agudo, tan asustada que por un momento olvidó cómo llorar.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...