Dado que el camino principal del pueblo estaba destrozado, ningún vehículo podía pasar.
Víctor miró a su alrededor; solo había ancianos y ancianas. No tuvo más remedio que pedirles ayuda para cargar a Dante sobre su espalda. Pero Dante pesaba demasiado, y Víctor apenas logró llegar a la puerta antes de sentir que las piernas le fallaban.
Por suerte, en ese momento llegaron Lucho y algunos jóvenes del lugar. Uno de los más fornidos relevó a Víctor y se echó a Dante a la espalda, mientras los demás ayudaban a sostenerlo.
La madre de Dante estaba tan aterrorizada que se desplomó en el suelo, sin fuerzas siquiera para ponerse de pie.
—Iré contigo al hospital —dijo Floriana, acercándose apresuradamente para ayudar a la mujer a levantarse.
Floriana se apresuró a llegar y lo primero que hizo fue ayudar a la madre de Dante a ponerse de pie.
—Tranquila, Dante es fuerte, seguramente saldrá de esta.
Llevaron a Dante hasta el tramo de camino que aún estaba intacto, justo a tiempo para la llegada de la ambulancia. Floriana le encargó a Víctor que cuidara de Carlota, y luego subió a la ambulancia junto con la madre de Dante.
—¡Ya han demolido a la fuerza varias casas! —exclamó Lucho, limpiándose el sudor de la frente.
Víctor frunció el ceño.
—¿Y las autoridades no han intervenido? ¿Dónde está la policía? ¿Nadie llamó?
—Las casas que están destruyendo pertenecen a los que ya firmaron el acuerdo de demolición. Tanto el gobierno como la policía dicen que no pueden meterse.
—¿Escuché que las casas de reubicación no son como les prometieron?
—Son exactamente como dijeron, pero era una trampa. Todos creíamos que serían iguales a las casas de reubicación de la calle sur. Su ubicación y el vecindario eran bastante buenos, por eso la gente aceptó. Pero al final, cambiaron la zona, y las propiedades son edificios a medio terminar que fueron reconstruidos. ¡No hay punto de comparación con las de la calle sur!
—¡Eso es una estafa! —sentenció Víctor.
En el pueblo no quedaban muchos jóvenes. Lucho y sus amigos eran muchachos solidarios que se la pasaban ayudando a un vecino y a otro, pero simplemente no daban abasto. Por eso había ocurrido la tragedia en la casa de Dante.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...