¿Dante no debería ser un tipo bajito? ¿Cómo es que parece un oso?
Floriana se acercó a propósito al oído de Víctor y susurró:
—¿No ibas a darle una lección al ladrón que nos robó la maleta? ¿Por qué estás siendo tan educado? ¡Ve y enfréntalo!
Víctor tosió disimuladamente.
—Eso no está bien. Todos vivimos en el mismo pueblo, cualquier cosa se puede arreglar hablando, llegar a los golpes solo arruina la convivencia.
Dicho esto, miró a Dante.
—Oye, ¿por qué te llevaste nuestro equipaje?
Dante se rascó la cabeza.
—Caja grande.
—Digo el equipaje.
—Caja grande.
—¡Esa caja grande es mi equipaje!
—Caja grande.
—...
A estas alturas, Víctor ya se había dado cuenta de que el señor Dante tenía problemas cognitivos; es decir, no estaba del todo bien de la cabeza. ¿Qué podía hacer si un tipo así le había robado la maleta? Incluso si llamaba a la policía, seguro le dirían que no se metiera con él.
—De acuerdo, no tengo nada más que decir.
Víctor agarró su enorme maleta, listo para llevársela a casa, pero Dante abrió mucho los ojos, se abalanzó sobre él y se la arrebató.
—¡Mía, mía!
Víctor no solo perdió la maleta, sino que el empujón lo hizo tropezar varios pasos. Frente al corpulento Dante, parecía un muñeco de trapo.
—¡Qué tuya ni qué nada! ¡Esta maleta es mía! —rugió Víctor.
—¡Mi tesoro! —insistió Dante.
—¡Esta maleta incluso tiene mi nombre escrito!
Intentó quitársela para mostrárselo a Dante, pero este no la soltaba. Para colmo, Floriana se burló:
—Él no sabe leer.



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...