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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1023

El hombre, cegado por la rabia, se lanzó a golpear a Víctor, pero este lo mandó al suelo de una sola patada.

El golpe fue tan duro que el hombre se quedó retorciéndose en el piso y lanzando quejidos. Y al ver la cara de furia que tenía Víctor, entendió que no era alguien con quien debiera meterse.

—¡Ya vas a ver, de esta no te salvas!

Dicho esto, el hombre salió corriendo mientras se agarraba el pecho.

—Señor Crespo, váyase rápido de aquí, seguramente fue a buscar gente —dijo la muchacha apresuradamente.

Víctor se dio la vuelta y la miró.

—¿Me conoces?

La chica primero asintió y luego negó con la cabeza.

—Es que... he visto sus fotos en internet.

—¿En internet?

¿Acaso él usaba internet?

—Ah, es que hubo unos rumores y escándalos hace tiempo... usted y Floriana se hicieron virales, y ahí lo vi.

Víctor recapacitó. Él y Floriana habían estado casados. ¿Y quién era Floriana? Una estrella de renombre que estaba en boca de todos a nivel nacional. Cualquier cosa que pasara entre ellos terminaría siendo noticia en redes sociales apenas se filtrara, por lo que no era tan raro que lo reconociera.

—Váyase ya, no vaya a ser que le toque perder.

Víctor soltó una risita seca.

—Todavía no nace el que me haga perder a mí.

Al decir esto, de pronto recordó algo.

—¿Tú trabajas en la misma producción que Floriana?

La chica asintió.

—Tengo un papel pequeñito con muy pocas escenas en la película de Floriana.

—¿Podrías llevarme con ella?

La muchacha se quedó pensando un instante.

—No sé si Floriana esté en el set hoy. ¿Qué le parece si, en cuanto regrese y la vea, le marco a usted, señor Crespo?

—¡Señor Crespo, ya llegó!

Al verlo, Victoria se levantó enseguida y fue a recibirlo.

—No vea que la fonda es modesta, tienen unas especialidades muy buenas. ¡Pásele, tome asiento! Deje le sirvo tantito té.

Víctor frunció el entrecejo.

—¿Dónde está Floriana?

—Ah, Floriana. Pues hoy no se paró por el set.

—¿No fue?

—Este... a lo mejor sí fue, pero se fue temprano. Ya sabe cómo le hacen de misterio con su agenda, la verdad yo tampoco estoy muy segura.

—¡¿Entonces para qué chingados me mandaste la dirección y me hiciste venir?! —explotó Víctor de inmediato.

—Usted me salvó la vida hoy, señor Crespo. No sabía cómo pagarle el favor, así que se me ocurrió invitarle a comer algo —respondió Victoria bastante apurada.

***

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