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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 846

Al cruzar las puertas de la villa, el auto ya estaba esperando. Tras ayudar a Benjamín a subir, Felipe tomó asiento a su lado.

—Llévame con Jose —ordenó el hombre de inmediato.

La mirada de Felipe se tornó aún más complicada. Echó un vistazo disimulado por el espejo retrovisor y respondió:

—Ella ya regresó a Residencial Valle Niebla. Te enviaré a casa con algunos hombres, mientras yo me quedo a resolver este desastre con las autoridades.

—De acuerdo —asintió Benjamín—. Encárgate de confirmar el número de víctimas.

—Claro.

El rostro de Felipe reflejaba una profunda seriedad.

Esa noche, muchas vidas inocentes habían estado en juego, y aún no tenían idea de cuántos habían sufrido las consecuencias.

El auto aceleró y se perdió en la distancia.

Felipe se volvió hacia Josefina, quien se había mantenido oculta entre los guardaespaldas todo este tiempo.

—Jose, ¿por qué no te acercaste? ¿Por qué no fuiste tú misma a decirle que estabas bien?

Josefina se quitó el pasamontañas, dejando que su cabello alborotado cayera sobre sus hombros. Tras acomodarlo con la mano, respondió con voz apagada:

—Mientras él esté bien... es suficiente.

Levantó la mirada hacia Felipe.

—¿Quiénes... eran esos hombres?

La expresión de Felipe se volvió sombría.

—Es un grupo internacional de mercenarios. El hombre de la máscara se llama Raiter. Me he cruzado con él en el pasado, e incluso trabajamos en un encargo juntos. Conozco cómo operan: aceptan cualquier tipo de trabajo siempre y cuando el dinero sea bueno. Para haber movilizado a tantos hombres a la vez, el cliente tuvo que haber pagado una verdadera fortuna.

El rostro de Josefina se tornó glacial. Ariadna Hurtado realmente no reparaba en gastos. Estaba dispuesta a lanzar billetes a diestra y siniestra con tal de verla muerta.

—Parece que esa tal Ariadna sigue sin rendirse —añadió Felipe—. Qué mujer tan obsesiva.

Josefina no dijo nada más. Bajó la vista y comenzó a limpiar su arma, mientras la brisa helada de la noche le calaba hasta los huesos.

En ese momento, Felipe se tocó el auricular. Al escuchar el reporte, miró a Josefina con una expresión preocupada.

—Jose, ya encontraron a Manuel, pero su estado no es nada bueno.

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