A Josefina le dio un vuelco el corazón.
Si seguía inventando excusas, su abuela terminaría sospechando.
¿Qué podía hacer?
Valentín notó el pánico en su rostro y le preguntó:
—¿Pasa algo malo, señora?
Josefina le reprodujo la nota de voz.
Valentín lo pensó unos segundos y dijo:
—Eso es muy fácil de resolver.
A continuación, le explicó lo que tenía que hacer.
Tras escucharlo, Josefina asintió, convencida de que era un plan excelente.
Rápidamente le respondió el mensaje a su abuela.
【Espérame un segundo, voy a buscar un lugar con mejor señal.】
Ella y Valentín bajaron al patio trasero del hospital. Buscaron un muro de ladrillos que sirviera de fondo. Josefina respiró profundo y le regresó la videollamada a la anciana.
La llamada fue contestada de inmediato. El rostro arrugado de la Sra. Suárez apareció en la pantalla; sus ojos opacos se fijaron al instante en su nieta.
—Jose, ¿por dónde has andado paseando todos estos días? —preguntó la abuela con su habitual tono cariñoso.
Josefina comenzó a seguir las instrucciones de Valentín. Empezó a moverse a tirones, como si la imagen se estuviera congelando.
Abría la boca y movía los labios muy despacio y, de repente, aceleraba el movimiento.
Al ver esto, la anciana frunció el ceño.
—¿Qué pasa? ¡Háblame!
Desde su lado de la pantalla, Josefina se quedaba paralizada unos segundos y luego se movía bruscamente, sin que se escuchara ni un solo sonido.
Natalia, la señora que la cuidaba, estaba justo a su lado y comentó:
—Ay, doña Lidia, parece que la señal por allá está muy mala. La imagen de la Srta. Josefina se está trabando mucho.
—¿Tú crees? —La abuela la miró un momento y volvió su atención a la pantalla—. ¿Jose? ¿Jose?
Josefina seguía trabándose del otro lado.
Josefina le devolvió la sonrisa y ambos regresaron al piso de hospitalización.
Apenas salieron del ascensor, un guardaespaldas se les acercó a toda prisa.
—¡Señora! ¡Valentín! ¡El director Gutiérrez despertó!
Valentín no cabía en sí de la emoción.
—¿De verdad? ¿Cómo se encuentra?
—Le están haciendo unos estudios —informó el guardaespaldas—. Si todo sale bien, podrán pasarlo a una habitación normal.
Valentín asintió y se giró hacia Josefina.
—Señora, ya no tiene por qué preocuparse. El director Gutiérrez va a estar bien, estoy seguro.
Josefina parecía estar en trance. Siguió a Valentín hasta la oficina del médico encargado.
A Benjamín aún le estaban haciendo los estudios, y la espera se hizo eterna. Sentada en aquella silla, cada segundo le parecía un siglo.
Dos horas después, la voz del guardaespaldas resonó por fin:
—El director Gutiérrez ha sido trasladado a piso.

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