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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 628

—¡Eres un bicho venenoso! Deja de escupir estupideces. ¿Quieres que te corte la lengua de una vez?

Al escuchar sus palabras, el rostro de Felipe se ensombreció y la amenazó con una mirada feroz.

Pero Magdalena lo miró con actitud desafiante.

—Yo sí sé cuál es el antídoto. ¿Aún quieres matarme?

Al oír esto, el semblante de Felipe se tornó completamente lúgubre.

Y justo en ese momento, Josefina le tiró de la manga.

Felipe volteó a verla.

—Jose, ¿qué pasa?

Josefina dio media vuelta y salió de la habitación sin titubear. Felipe ni se molestó en mirar de nuevo a Magdalena y fue tras ella.

Ya en el pasillo, Josefina tecleó algo en su celular.

【Ella no sabe cuál es el antídoto.】

Felipe lo leyó y se quedó algo descolocado.

—¿Cómo estás tan segura?

【Si supiera cuál es el antídoto, no tendría esa actitud con nosotros.】

Josefina le mostró la pantalla.

Felipe lo meditó un segundo y luego asintió. Era cierto. Magdalena era avariciosa por naturaleza. Si de verdad tuviera el antídoto, habría empezado a exigir un sinfín de condiciones a cambio, en vez de andarse con esa actitud tan cínica y ambigua.

Josefina se dio vuelta para caminar hacia su propia habitación.

—¿Y qué planeas hacer con ella ahora que sabemos que no sirve para nada? —preguntó Felipe.

Josefina no respondió al instante. Esperó a estar de nuevo en su cuarto para escribir en el teléfono.

【¡No dejen que su herida cierre! No le den de comer lo suficiente, ¡quiero que siga viva para que sufra!】

Felipe leyó el mensaje y asintió con aprobación.

—Dejarla morir sería un regalo inmerecido. Que desee estar muerta es el mejor final para ella.

Dicho esto, salió de la habitación.

Josefina caminó hacia la ventana. Observó la noche cerrada en el exterior, y su ánimo cayó aún más hondo.

—El director Gutiérrez aún no está fuera de peligro —dijo Valentín con semblante grave—. Tiene dos tipos de veneno en su sistema. Que logre salir de esta depende totalmente de él.

Josefina apretó los labios con suavidad y bajó la mirada. Parada junto a la puerta, su delgada figura tembló sutilmente.

Valentín la observó y sintió la necesidad de intervenir:

—Señora, no se culpe, por favor. No fue su culpa. La culpa la tiene Magdalena y las personas que intentaron hacerles daño.

Josefina no mostró ninguna reacción.

Al ver esto, Valentín tampoco supo qué más decir.

En ese instante, el celular de Josefina empezó a sonar. Por fin reaccionó. Al mirarlo, vio que era otra videollamada de su abuela.

Sus pupilas se contrajeron de golpe y colgó a toda prisa.

Seguramente la anciana estaba preocupada y quería verla con sus propios ojos.

【Abuela, estoy paseando, ¿qué pasó?】

La nota de voz de su abuela llegó al momento:

—Contéstame la videollamada. No importa si se traba por la señal, solo quiero verte un ratito.

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