La expresión en el rostro de Valentín se volvió aún más sombría.
—El director Gutiérrez no solo perdió la vista —dijo en voz baja—. La herida de su pecho sigue empeorando. Ahora mismo está en terapia intensiva bajo observación.
A Josefina se le encogió el corazón y, por instinto, apretó las sábanas con las manos.
Bajó la mirada, con las pestañas temblando en medio del desconcierto. Luego, apartó las sábanas, se levantó de la cama y comenzó a caminar hacia la puerta.
Valentín se apresuró a sostenerla.
—Señora, aún está muy débil. Necesita descansar.
Pero Josefina señaló hacia afuera, dejándole claro que iba a ver a Benjamín.
—El director Gutiérrez aún está en peligro crítico —insistió Valentín—. Nadie puede entrar a verlo ahora. Es mejor que esperemos aquí. Podemos ir cuando esté fuera de peligro, dará igual.
Justo cuando terminó de hablar, la puerta de la habitación se abrió.
Felipe entró, y su rostro se iluminó de alegría al verla despierta.
—¡Srta. Josefina, por fin despertó! ¿Se siente mal en alguna parte?
Josefina negó con la cabeza. Se señaló la garganta y luego hizo un gesto con las manos para indicar que no podía hablar.
Al ver esto, Felipe se quedó pasmado un par de segundos, se rascó la nuca y dijo:
—Bueno, este... escuché al doctor decir que el veneno le afectó la voz. Pero no se preocupe, estoy seguro de que encontraremos un antídoto. ¡Ya verá que pronto volverá a hablar!
La tomó de los hombros con suavidad, haciéndola sentarse en la cama, y le habló con tono paternal:
—Lo más importante ahora es que descanse bien y recupere sus fuerzas. No piense de más, ¿de acuerdo? Todo se va a solucionar.
Luego, sacó un celular y se lo entregó.
—Este es su celular, lo traje ya cargado.
Josefina lo tomó y comenzó a escribir en la pantalla:
【Gracias, Felipe. Solo quiero ir a ver a Benjamín.】
Felipe leyó el mensaje y suspiró con impotencia.
Acto seguido, le envió algunas fotos recientes.
【Abuela, ando paseando por ahí. No hay buena señal para hacer videollamada. Mira, ¿a que salgo guapa?】
Mientras más tiempo pueda ocultar esto, mejor, pensó.
La anciana respondió con una nota de voz:
—Niña tonta, ¿por qué llevas tres días sin escribirme? Seguro te la estás pasando tan bien que ya te olvidaste de esta vieja, ¿verdad?
Aunque el tono era de regaño, se notaba que la anciana solo la estaba molestando con cariño.
Una leve sonrisa se dibujó en los labios de Josefina, y siguió tecleando.
【Es que el paisaje es demasiado hermoso y quería tomarte muchas fotos. Pero te extraño a cada segundo.】
Otra nota de voz de la abuela:
—¡Ay, qué linda eres para hablar! Bueno, ya. Cuando regreses al hotel me haces una videollamada para verte.

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