Entrar Via

La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 623

El dolor invadió su consciencia. Sintió que se iba a morir.

Sin embargo, alguien corrió hacia ella, la agarró con brusquedad y le hizo un nudo apretado justo sobre la herida del estómago.

La presión sobre la herida evitó que se desangrara hasta morir.

Al abrir los ojos, se topó con el rostro de Josefina, desfigurado por la furia.

Movía los labios frenéticamente, diciendo algo con mucha agitación, pero Magdalena no podía escucharla.

Su mente se nubló, y finalmente perdió el conocimiento.

—¡Srta. Josefina!

Felipe se acercó, sosteniendo su brazo herido, y la miró con preocupación.

—¿Qué sucede? ¿Qué intentas decir?

Josefina soltó a la inconsciente Magdalena y la señaló.

—El antídoto. Ella fue quien usó el veneno, seguro sabe cuál es el antídoto. No podemos dejar que muera así...

Pero no pudo escuchar su propia voz.

Felipe tampoco la escuchó. Abrió mucho los ojos y, con el pánico tiñendo su voz ronca, exclamó:

—¡Srta. Josefina! ¿Qué le pasa a su garganta?

Josefina se quedó paralizada. Se llevó la mano al cuello; el ardor seguía allí. Intentó hablar, pero no salió ningún sonido. Los músculos de su garganta se tensaron con fuerza, y lo único que consiguió fue sentir una agonía aún peor.

—Salgamos de aquí y busquemos un hospital para ver qué ocurre —dijo Felipe rápidamente—. Yo me encargaré de que se lleven a esta mujer.

Josefina asintió, entre desorientada y aterrada. Luego, se giró para mirar a Benjamín.

Él estaba pálido como el papel y ya se había desmayado.

Los guardaespaldas lo cargaron en la espalda y avanzaron a paso ligero para salir de la selva.

Josefina los siguió a toda prisa, con el corazón encogiéndose a cada segundo.

La alegría de haber sobrevivido había durado apenas un suspiro. Y ahora, se enfrentaban a esta tragedia.

A Benjamín le sangraban los ojos, sus heridas habían empeorado y estaba inconsciente.

Ella tenía la garganta destrozada y no podía pronunciar palabra.

¿Qué diablos era ese polvo que les había arrojado Magdalena?

La mente de Josefina era un torbellino de confusión. Había pasado casi un día entero sin descansar; todo se volvió oscuro ante sus ojos y se desmayó.

¡Boom!

Fue como si un rayo la hubiera partido en dos. Se quedó sentada, congelada, sin reaccionar por un largo tiempo.

¿Qué clase de broma macabra era esta?

¿Ella se había quedado muda y Benjamín ciego?

Tiene que ser una pesadilla.

Se pellizcó el muslo con fuerza. El dolor agudo la hizo jadear. Cerró los ojos con desesperación.

No era un sueño.

Esto les estaba pasando en la vida real.

—Ah... —volvió a intentar articular palabra por instinto, pero solo emitió ese sonido tosco. Cerró la boca de inmediato y giró la cabeza, buscando algo a su alrededor.

Al ver su desesperación, Valentín intuyó lo que quería.

—¿Quiere saber dónde está el director Gutiérrez?

Josefina asintió frenéticamente.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte