En la bella Londres comenzaba a anochecer. Había sido un gran día de trabajo: todo había salido según lo que Alekos había planeado, y eso lo dejó satisfecho. Decidió invitar a Freya a cenar.
Estaba hospedado en el Four Seasons Hotel at Ten Trinity Square, donde la comida era exquisita, digna del paladar más exigente.
Recordó que Dakota siempre decía que le gustaría conocer Londres. Desechó de inmediato ese pensamiento. Solo había sido una amante más, y la peor zorra de todas. Le había mentido diciendo que estaba embarazada ¿ que clase de mujer mentia con eso?. Eso era: una zorra. Ese sería su pensamiento recurrente de ahora en adelante.
Tomó el teléfono y pidió que lo comunicaran con la habitación de Freya.
—¡Hable!
—Freya, quiero que me acompañes a cenar esta noche. Te espero a las ocho. Cenaremos en mi habitación.
—¡Por supuesto, te veré ahí, Alekos! —respondió ella sin ocultar su entusiasmo.
En su habitación, Freya no podía creer su suerte. Empezó a buscar algo que ponerse, pero nada la convencía. Así que decidió salir a comprar algo nuevo.
Luego de sus compras, tomó una ducha larga en la tina. Había escogido un vestido corto, ceñido al cuerpo, bien escotado, con lencería de encaje, todo en color rojo. Se recogió el cabello y, al mirarse al espejo, supo que se veía despampanante. A las ocho en punto, como era de esperarse, estaba en la puerta de la habitación de Alekos.
Una de las mucamas le abrió y la condujo hasta donde él se encontraba.


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