—¡¿Embarazada?! ¿Cómo podía Dakota estar embarazada? —pensó Alekos, furioso.
Él había tomado todas las precauciones. Pero… ahí estaba. Lo había traicionado.
—Alekos, cálmate. Yo estoy bien. Entiendo que te tome por sorpresa.
—¡Claro que crees que estás bien! Con un reloj de lujo y embarazada… ¿ahora qué vas a decir? ¿Que es mío?
—¡Por supuesto que es tuyo! Sabes que eres el único hombre con el que he hecho el amor. Somos novios. Te quiero, y creí que tú también me querías.
—¡Yo no quiero a nadie! —espetó él con dureza—. Y no pienso cargar con el hijo de otra persona. ¡No esperaba que mi amante se quedara embarazada!
—¡No soy tu amante!
—¿Se supone que tomabas la píldora! ¿Qué fue lo que pasó?
—Aquella noche que te acompañé a Londres por trabajo… olvidé llevarla. Fue un accidente.
Alekos comenzó a reírse, sarcástico.
—Claro, la única vez que te invito a acompañarme y te olvidas la píldora… Eres una mujer muy perversa.
Tomó su maletín con gesto brusco.
—Tengo una reunión impostergable. Luego hablaremos —dijo, y salió del departamento dando un portazo.
Dakota se sentó en la orilla de la cama, con la mirada perdida.¿“Amante”? , “Perversa”, “El hijo de otro”¿Cómo podía pensar así de ella después de compartir un año de su vida?
Se levantó lentamente y comenzó a prepararse para ir al trabajo. Un trabajo que Alekos le había conseguido… Ese sería su último día allí. Se había recibido y esperaba poder dedicarse a la contabilidad.
Mientras tanto, Alekos llegó a su oficina con una furia poco habitual en él. No podía pensar en otra cosa.Nunca le perdonaría a Dakota su supuesta traición.Golpeó la mesa con fuerza.
—¡Maldita sea! —exclamó.
Tomó el teléfono y marcó a su asistente.

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