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La Heredera Perdida: Nunca Perdona romance Capítulo 269

Sierra se congeló por un segundo, luego estalló en carcajadas. No pudo evitarlo. Pensaba que Johnathan la había detenido porque tenía algunas típicas fotos embarazosas de bebé, tal vez vistiendo un vestido o algo así. A la mayoría de los padres les encanta hacer eso. Técnicamente, era un vestido... pero Johnathan se había esforzado al máximo. Estaba vestido como un hada de las flores, con pelo de colores del arcoíris, una varita cubierta de brillantina en la mano, en pose de transformación y todo.

Si no lo hubiera visto por sí misma, no lo habría creído.

Johnathan parecía querer desaparecer. No había regresado en años—había olvidado por completo estos momentos dignos de chantaje.

—¿Puedo continuar? —preguntó Sierra, todavía sonriendo, con ojos llenos de picardía.

—Sí, lo que sea —suspiró él—. Mejor terminar con esto.

Siguió pasando las páginas.

Había fotos de bebé, rabietas de niño pequeño, todos los disfraces que pudieras imaginar—superhéroes, personajes de dibujos animados, más chicas mágicas.

Pero en algún momento, algo cambió.

Sierra lo vio. Al principio, él era solo un niño, salvaje y feliz. Pero en las últimas páginas, especialmente en su octavo cumpleaños, ya no parecía un niño. Su sonrisa había desaparecido. Se veía... quieto. Como alguien que tuvo que crecer demasiado rápido.

Y esa fue la última fotografía con su madre. Sierra no encontró ni una sola imagen de su padre. Los álbumes familiares revelaban mucho más de lo que parecía.

Lo cerró con delicadeza y sonrió con ternura.

—Tu madre realmente te amaba.

—Sí.

Nunca lo había dudado. En aquel entonces, él desconocía su enfermedad. Solo sabía que ella siempre estaba presente. Años después descubrió la verdad: ella reservaba cada momento de lucidez exclusivamente para él. Cada día bueno era un regalo que le entregaba por completo.

La primera vez que ella perdió el control frente a él, quedó aterrorizado. Cuando ella recuperó la consciencia, estaba devastada. Fue entonces cuando él dejó de ser un niño.

—Sr. Yaeger —susurró Sierra, rodeando su cintura con los brazos—. Eres más afortunado que yo. «Así que no permitas que esto te destruya. Déjame sostenerte».

Jonathan comprendió el mensaje sin necesidad de palabras. Simplemente apoyó una mano en su espalda. No podía soltarlo. Todavía no.

Si su madre no hubiera sido tan buena con él, quizás no los odiaría tanto a todos. Pero lo había sido. Ella lo había sido todo. Y ellos la habían destruido.

Sierra podía sentir el peso en su silencio. Miró hacia arriba y dijo:

—No te estoy pidiendo que los perdones. Solo no quiero que te quedes atrapado en este dolor para siempre. Cualquier cosa que decidas hacer, te apoyaré.

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