Johnathan apenas se había marchado cuando sonó el teléfono de Sierra con un número desconocido.
—¿Hola?
Hubo un momento de silencio. Revisó la pantalla, pensando que era un número equivocado. Justo cuando se disponía a colgar, habló una voz que conocía demasiado bien.
—Tanto tiempo sin vernos.
Sierra se quedó inmóvil, era Shane.
Casi había logrado olvidarlo, enterrar esos tres años como si no fueran más que una pesadilla de la que finalmente había despertado. Pero escuchar su voz fue suficiente para recordarle—no había escapado de nada. No realmente.
—¿Qué quieres? —dijo.
—Solo pensé en ver cómo estás —dijo Shane casualmente, como si fueran viejos amigos.
—¿Sí? Bueno, no quiero verte.
Se dispuso a colgar.
—Veo que te sobra confianza últimamente —observó él con tono mordaz—. Tener a Johnathan de tu lado debe ser reconfortante. Pero, ¿realmente crees estar a salvo? La familia Wynn difícilmente aceptará a alguien de tu... condición.
—Ocúpate de tus propios asuntos —le cortó ella antes de finalizar la llamada bruscamente y bloquear su número. La alegría que había sentido se evaporó al instante. Conocía demasiado bien a Shane como para no intuir sus intenciones, y sabía que nada bueno podía esperar de él.
Pensó en compartir este incidente con Johnathan, pero tras reflexionar, optó por guardárselo. Ya tenía suficientes preocupaciones por ahora.
Mientras tanto, Johnathan atravesaba las puertas del hospital privado de los Wynn. No había dado ni dos pasos cuando le impidieron continuar.
—El señor ha prohibido las visitas —le informó uno de los asistentes veteranos de su abuelo, hombre conocido por su inquebrantable lealtad.
El rostro de Johnathan permaneció impasible, pero sintió una opresión en el pecho.
—¿Cuál es su estado?
El asistente exhaló pesadamente.
—Señor... sufrió una crisis la noche del evento. Los especialistas advierten que, de continuar así, podría sufrir un derrame cerebral. Considere su avanzada edad y cuánto lo aprecia a usted, más que a nadie. Por favor... téngalo en consideración.
Johnathan contempló la puerta sellada durante unos instantes, antes de dar media vuelta y marcharse. Al salir del edificio, se encontró frente a frente con Chase. Padre e hijo se sostuvieron la mirada como antiguos rivales preparados para el enfrentamiento definitivo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Heredera Perdida: Nunca Perdona
Problemas para desbloquear capitulos...