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La Gordita Que Despreciaste: Ya no está a tu alcance romance Capítulo 6

Cruzo la puerta principal de la mansión Bianchi con toda la intención de dar por finalizado ese día, cuando su pequeña hija, Luna, corrió en su dirección para recibirla con un abrazo, pero se desplomó en el proceso.

Su cuerpo cayó sin fuerzas sobre el piso de mármol y lo presenció todo a cámara lenta, sin que pudiera hacer nada para evitarle el golpe.

—¡Luna! —gritó, arrodillándose junto a ella.

Su hija estaba pálida y tan débil. Le dolía el corazón de solo verla.

—Hay que llevarla al hospital —dijo su esposo a su lado, tratando de tomarla en brazos.

Sin embargo, en un gesto maternal y tonto, la apretó más fuerte contra su pecho, temiendo soltarla. No porque desconfiara de su marido, sino porque estos episodios se habían estado repitiendo tanto que temía que un día, simplemente, su pequeña ya no despertaría.

Como de costumbre, pasó la madrugada en la clínica mientras su hija era sometida a un examen tras otro.

De pie frente al gran ventanal de la suite VIP del hospital, veía su reflejo a través del cristal, dándose cuenta nuevamente que no era, ni por asomo, la mujer que una vez fue. Los kilos de más habían desaparecido, dándole paso a una figura delgada y curvilínea. Su rostro, antes regordete, ahora parecía uno completamente distinto; razón por la cual Xander no la había reconocido.

—Mami... ¿ya nos vamos a casa? —una vocecita dulce y frágil la sacó de sus pensamientos.

Inmediatamente dibujó una sonrisa en sus labios, tratando de ocultar con ese gesto que su mundo se estaba cayendo a pedazos. Porque así era como se sentía al ver a su pequeña Luna en esa cama de hospital. De nuevo.

—Pronto, mi vida. Solo unos análisis más —susurró, besando sus pequeñas manos.

Su hija le devolvió la sonrisa, aunque la debilidad era evidente. La idea de permanecer más tiempo en el hospital no le agradaba en lo más mínimo; a ella tampoco, por supuesto que no. Su pequeña había tenido que pasar demasiado tiempo entre hospitales y por eso los odiaba especialmente. Un sentimiento que compartían las dos.

Un suave golpe en la puerta anunció la llegada del doctor y, con reticencia, tuvieron que separarse.

—Ya vuelvo, cariño —dijo ella antes de salir al pasillo y hablar en privado con el hombre.

Una vez frente a frente, lo encaró:

Capítulo 006 1

Capítulo 006 2

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