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La Gordita Que Despreciaste: Ya no está a tu alcance romance Capítulo 3

Su madre la ayudó a levantarse. Y con ese amor que solo podía tener una madre, la ayudó también a recoger los pedazos dispersos de su alma. No podía dejar de llorar mientras se vestía con manos trémulas. No tuvieron tiempo de hacer la maleta; ambas fueron echadas sin derecho a nada.

Y mientras intentaban tomar un taxi a las afuera de la mansión, no podía dejar de disculparse con su progenitora.

—Perdóname, mamá… —sujetó sus manos entre las suyas—. Perdóname por esto. Perdóname por todo.

—No es tu culpa —y aunque decía las palabras, su voz estaba algo rígida, como si no lo creyera del todo.

—Lo es. Yo no debí… nunca debí… —se atragantó con su propio llanto sin poder formular una frase coherente.

—Vayámonos de aquí, Elena. Ya tendremos tiempo de hablar de esto.

—Pero, mamá…

Ella le hizo un gesto con la mano para que guardara silencio mientras se subían al auto que las llevaría a un hotel o a cualquier lugar a donde pudieran refugiarse de la tormenta —siempre habían vivido en la mansión así que no tenían casa, familia, ni ningún lugar a donde ir—.

En el interior del taxi no dejaba de retorcerse las manos. Lo que pensó que era un sueño hecho realidad, se convirtió en una pesadilla. Pero debio suponerlo, Xander era un Thorne, y los Thorne no se mezclaban con la servidumbre, mucho menos si esa servidumbre era una chica gorda y fea como ella.

Las lágrimas surgieron de nuevo con mayor fuerza y solo la voz del locutor de radio la distrajo de sus deprimentes pensamientos.

—...se recomienda extremar precauciones en las carreteras del sur —advertía—. La tormenta que azota la región es la más fuerte de la temporada; la visibilidad es casi nula y las ráfagas de viento están alcanzando niveles peligrosos...

Miró por la ventanilla confirmando el reporte del clima. Todo era gris: agua y lodo.

De repente, el taxi viró violentamente. Sintió cómo una fuerza invisible la empujaba contra la puerta. El auto derrapó, girando sobre su propio eje, y el tiempo pareció ralentizarse. Sus ojos buscaron ansiosamente a su madre. Fue un vistazo fugaz; compartieron una última mirada de miedo mientras intentaba extender su mano hacia ella, pero sin poder alcanzarla, como si estuviera a miles de kilómetros de distancia, como si el destino cruel quisiera separarlas antes de tiempo.

Capítulo 003 1

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