Karla apretó los labios, respiró hondo y preguntó:
—¿Sabe usted, señor Bastián, algo de leyes? ¿Tiene idea de que meterse a la casa de alguien sin permiso es un delito?
A Bastián parecía no importarle en lo más mínimo.
Se incorporó, su figura imponente llenando la habitación de una presión incómoda.
Avanzó, paso a paso, mientras Karla retrocedía, insegura.
El ambiente que desprendía Bastián en ese momento era abiertamente amenazante.
Karla, por puro instinto, quiso salir corriendo, pero él la sujetó de la muñeca antes de que pudiera reaccionar. De un tirón, la atrajo hacia sí.
Con fuerza, le inmovilizó las manos contra la pared.
Karla alzó la mirada y lo encaró, los ojos llenos de furia.
—¿Y ahora qué quieres hacerme? —le soltó, la voz vibrando de rabia.
Bastián también la observaba fijamente. Su rostro, aunque conservaba la esencia de hace cinco años, ahora tenía facciones más marcadas, una presencia más intensa.
Antes Karla ni se maquillaba; ahora, con ese toque sutil, su belleza resultaba aún más impactante.
Todo en ella estaba bien, salvo por esos ojos: antes llenos de devoción por él, ahora rebosaban indiferencia y enojo.
Esa mirada lo atravesó como una espina.
No soportaba verla así.
—¿Por qué huyes? Hace cinco años te fuiste sin decir nada. ¿No crees que deberías darme una explicación?
Karla no apartó la vista, desafiante.
—¿En serio no sabes por qué me fui sin avisar? Tú estabas enamorado de Tamara. Yo misma pedí el divorcio para dejarlos ser felices juntos. ¿O te faltó algo para que todo te saliera perfecto, señor Bastián?
Bastián frunció el ceño, la mirada oscurecida.
—Karla, ¿en qué momento dije que me gustaba Tamara?
—¿Ah, no? ¿Y entonces quién te gusta? ¿Yo? —replicó Karla, levantando la voz.
Después de casarse con Karla, aunque fue amable con Tamara, jamás hizo nada que pudiera considerarse una traición.
Por eso no entendía el drama de Karla.
¿A poco por una tontería tan grande, ella decidió terminar con todo, abortar y desaparecer cinco años?
Tan solo recordar que ella interrumpió el embarazo hacía que la rabia le quemara por dentro.
¿Con qué derecho se atrevió a hacer algo así sin avisarle, sin siquiera una palabra? ¡Era su hijo también!
—No dejas de repetir que estamos divorciados. Karla, ¿no te cansas? ¿Quién te dio derecho a abortar así como así en aquel entonces?
¿Drama? ¿Eso era lo que pensaba de todo lo que ella había hecho?
A Karla ya no le quedaban ganas de pelear.
Lo que tenía era una decepción profunda. Se había dado por vencida con él, con ese matrimonio.
Ya no lo quería.

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